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"¡¡ESTÚPIDOS ZOMBIS!!" Capítulo 4 ( por IRENE COMENDADOR)

¿Que me habían mordido? ¿Cómo que me habían mordido?
Si que era verdad que ya me había observado aquella herida en la pierna mientras tomaba mi ducha, pero en aquel momento no le di más importancia.
Mi cuerpo estaba cubierto de moratones, de raspaduras y arañazos, el estar corriendo, arrastrándote y escapando durante los últimos días por toda la maldita cuidad, me habían impedido salir indemne de tales agresiones físicas, chocándome e hiriéndome con todo a mi paso, por lo que encontrar una nueva marca en mi cuerpo no me había alarmado mucho, pero ahora que me concentraba un poco más en ello, si que era una herida lo suficiente profunda y echa en lamentables acontecimientos como para preocuparme.
Un golpe, un ruido ensordecedor, el repiqueteo de cristales cayendo al suelo y un estremecimiento en todo mi cuerpo, me saco de mis cavilaciones y sin apartar aun la vista del arma de Paúl, que seguía apuntando a mi entrecejo, grite,
─ ¿Qué ha sido eso?
─ Viene del primer piso─ dijo Nick en un susurro y con la cara aun mas descompuesta
─ ¿Pero tu no decías que ni un tanque podría traspasar esa puerta?─ acusaba Paúl al chaval sin dejar de apuntarme.
─ Ya, pero al parecer no han entrado por la puerta tío.
Y esa palabra, “entrado”, me encogió por completo. ¿Cómo que habían entrado? Si los apestosos zombies estaban ya en la casa, sería muy difícil salir indemne, además sin contar nuestra pequeña disputa.
─ Vale, pensemos, yo no soy un estúpido hijo de puta de esos, ¿vale?─ aunque me sentía bien, no podía decir esto último como una verdad al ciento por ciento─ Así que ocupémonos primero de nuestros poco deseables visitantes…─ pero Nick me cortó.
─ Yo no pienso abandonar mi casa, así que si queréis iros lo tendréis que hacer sin mi─ decía en un grito.
─ Tú vendrás conmigo muchacho, aquí morirás, una vez que entran ya no se puede hacer nada.
─ No─ le escupió a Paúl─ .
─ ¡¡Ya basta!!, coged lo que podáis de la azotea y vámonos─ dije mientras bajaba mi arma y me dirigía a lo que parecía una escalera de emergencia.
─ Después me ocuparé de ti─ dijo Paúl señalándome─ . Está bien coged lo que podáis de aquí y bajemos.
─ Esa escalera no valdrá, la tuve que romper para que ellos no subieran, solo hay dos salidas y las dos están abajo.
Nick salió por la puerta que daba a las escaleras de bajada y se metió en una de las habitaciones del segundo piso, Paúl y yo le seguimos y en esos momentos me miro bruscamente y me dijo en un susurro, que no me acercara a ellos más de la cuenta, porque si notaba un mínimo cambio en mí, me mataría. Yo casi se lo agradecí interiormente, si realmente estaba infectada, prefería morir de un balazo en la frente, que ser un podrido despojo sediento de carne viva y con todas mis vísceras fuera.

Nick saco dos mochilas muy abultadas, con una apariencia muy pesada y se podía ver que esta situación no le cogía por sorpresa del todo, el chaval estaba muy bien preparado para un ataque. Una de las mochilas se la puso en la espalda y justo cuando iba a ponerse la otra en el pecho, Paúl se la arrebato de las manos y se la coloco el, pero enseguida cambio su expresión,
─ Tenemos que ir a por mi bolsa.
─ Ni de coña tío, el piso de abajo ya está plagado de bichos, bajaremos por el montacargas hasta la cocina, y tu bolsa está justo al otro lado de esa planta, así que ni lo pienses─ dijo el chaval mientras caminaba a paso ligero por el pasillo dirección al montacargas
─ Pues ve tú y ponte a salvo, yo iré a por mi bolsa abajo, y tú…─ dijo Paúl señalándome con el dedo─ vendrás conmigo, si eres una de ellos , ni pienses que te voy a dejar a solas con el muchacho.
Podría haber debatido eso, pero no estaba completamente segura de que no tuviese razón, además su bolsa también me interesaba a mí, así que solo asentí y me di la vuelta iniciando el camino hacia el ejército que nos esperaba en la primera planta.
─ ¿Para que mierda quieres esa bolsa? Yo tengo aquí de todo lo que podamos necesitar, vámonos ya─ decía en un grito Nick, preocupado de quedarse solo otra vez.
Pero Paúl ya se había quitado la mochila de Nick y se la había devuelto, empezando a caminar detrás mío a paso ligero. Esa cercanía y a mis espaldas no me gustaba en absoluto, pero con lo que me iba a encontrar de frente ¿Qué leches importaba?
Justo antes de poner un pie en las escaleras, Paúl me cogió de los hombros fuertemente.
─ ¿Seguro no te sientes rara? No quiero protegerme las espaldas también de ti.
─ Ya te dije que no siento nada y ya hace horas de esa herida, pero su tu me ves diferente te doy permiso para….
Pero no pude continuar, al parecer no tendríamos que ir a su encuentro, ellos ya subían por las escaleras al nuestro.
Apuntamos al unísono contra sus putrefactas cabezas y como fichas de dominó fueron cayendo uno tras otro por el estrecho hueco de la escalera.
Despacio bajamos, peldaño a peldaño y con los costados pegados, como si estuviésemos unidos en esta tarea, como un equipo, pero aunque la concentración era fuerte podía notar de vez en cuando como Paúl me miraba de reojo.
Uno de los zombies más pequeños que había visto hasta este momento, no parecía más que un niño, salió de la nada y se le tiró a Paúl a la espalda, yo gire mi arma en su dirección, volándole la pequeña cabeza contra la pared y Paúl en respuesta, supongo que inconscientemente me apunto a mí. Pero enseguida vio la salpicadura tras suyo y solo me dedico un asentimiento como agradecimiento.
Corrimos cuanto pudimos por el pasillo, dirección contraria a la cocina, donde supuestamente estaba nuestra salvación, dejando con esta huida unas mínimas posibilidades de escapatoria y poniendo más fácil a los estúpidos zombies que nos atraparan.
Paúl paso a la habitación donde su bolsa descansaba tras la puerta y me cogió de los tirantes mientras yo como una loca disparaba contra los zombies que nos perseguían.
Me tiro dentro del cuarto y cerró la puerta, atrancándola con una silla vieja que por su apariencia no aguantaría mucho sus envestidas.
─ ¿Y ahora qué?─ le dije frenética, notando la adrenalina recorrerme la sangre.
─ No se, mira por la ventana, estamos en el primer piso ¿no?─ contesto apuntando a la puerta cerrada.
Pero lo de la ventana no era muy buena idea, Nick la había sellado y muy bien por cierto, y aunque consiguiéramos salir por ella, había centenares de despojos fuera, no alcanzaba a ver su final. Ni en la azotea del Mac Donald hube contemplado tanto divino podrido.
─ ¡Estamos jodidos!─ dije apuntando con mi arma ahora a la puerta también.
─ Pues solo queda salir por donde entramos.
Esa afirmación no me gusto nada, Paúl pareció regalarme una sonrisa mientras lo decía, y no por ello yo me sentía mejor, a buenas horas se le ocurría ser agradable conmigo. De todos modos era nuestro final. Paúl saco una cinta de su bolsa, negra y llena de hebillas, no sabía que podría ser, pero si era su plan para las urgencias, bienvenido sea.
Se quito la camisa que llevaba puesta y por primera vez pude comprobar que su aspecto no era el de un hombre entradito en carnes, como yo le había mirado, Paúl estaba fuerte, bien que sus músculos y abdominales no eran marcados, pero si fornidos y me recrimine despiadadamente por las veces que en mi mente le había llamado gordo, me repugnaba a mi misma por tales pensamientos groseros.
Se puso las correas alrededor de la cintura, hombros y pecho y se las ciño con brusquedad. Saco después unas armas pequeñas de su saco y me las entrego. Me pregunto si sabía manejarlas y yo le dije que sin problemas, por la supervivencia se aprenden cosas verdaderamente interesantes.
─ ¿Preparada, compañera?─ me dijo con una media sonrisa, supuse para infundirme ánimos
─ Preparada para morir matando unos cuanto no muertos, señor─ contesté intentando saliera un tono divertido que al final quedo patético
─ Emma, tranquila, saldremos de esta.
Pero no sé por qué yo dudaba mucho de esas palabras. Amartille mis armas y quite los seguros, mostrándoselos un segundo a Paúl para que me diera su visto bueno, el asintió y pego una patada a la silla que sujetaba precariamente el pomo de la puerta, que no hacía nada más que ser zarandeada por vete tú a saber por cuántos hijos de puta infectos.
La marabunta se hecho sobre nosotros, los tiros eran incontables y ensordecedores y tuve que entrecerrar mis ojos para que el polvo que emanaba del arma de Paúl no penetrara en ellos.
Fueron cayendo al suelo uno tras otro, pero no todos los que en él se encontraban estaban quietos, por lo que empezar a andar sobre ellos sería una tremenda equivocación, cualquiera de los caídos podría mordernos.
Así que ignorando ese hecho y pensando que la herida de mi pierna podría ser algo mas, empecé a pegar tiros a todo lo que se movía en el suelo, mientras pisaba firme por encima de sus cadáveres llenos de sangre seca y pus revuelta, poniéndome al frente del pelotón como vulgar camicace.
Supongo que a mi compañero no le hizo mucha gracia que me pusiera en primera línea, porque me hecho una mirada de advertencia y disgusto, pero le ignore y seguí avanzando, rematando a todo el que se movía después de que Paúl los derribara.
Se me acabo la munición de las armas y me las metí a toda prisa en el culoté, en la zona baja de mi espalda, sintiendo el repentino dolor de la quemadura que los cañones recién usados ocasionaban en mi piel, que de seguro me dejarían dos bonitas ampollas en ese lugar, pero como de todos modos íbamos a morir no me preocupe mucho en pensarlo. Saque mis antiguas armas y seguí con mi tarea, aunque estas también me daba a mí que no tardarían mucho en agotársele las balas.
Y entre todo aquel barullo, de armas disparando, quejidos y gritos de los podridos y las blasfemias que Paúl iba escupiendo para descargar esa adrenalina acumulada, sentimos una voz, un grito agudo y silbante, al otro lado del pasillo, justo proveniente de la cocina, que era para donde nos dirigíamos.
─ Tiraros al suelo y cubriros─ grito Nick.
Pero imposible hacerle caso, aunque pudiésemos tirarnos al suelo que ya era algo milagroso sobrevivir sin dejar de disparar, los cuerpos que alfombraban este, nos devorarían de inmediato si alguno quedaba “vivo”.
─ ¡¡Que os cubráis ya!!─ grito de nuevo.
Pero yo no reaccione, fue Paúl el que me agarro del brazo y abriendo la puerta de lo que parecía un ropero en el pasillo, nos adentro en el. Nos acurrucamos todo lo que pudimos contra la pared y gritamos al unísono.
─ ¡¡¡YA!!!─
Un estruendo provocó que la puerta volara por los aires, un fogonazo me dejara sin visión por unos segundos y los más importante o turbador, que un pitido estridente se alojara en el interior de mis tímpanos, dejándome sorda por completo. Sabía que Paúl me hablaba porque le veía mover sus labios, pero yo no conseguía ni coordinar mis pies y manos.
─ No se qué me dices─ le dije gritando─ no puedo oír nada.
Y al parecer se lo dije muy alto porque frunció las cejas en respuesta, la explosión había terminado y de seguro se respiraría calma y silencio tras ella, aunque yo no lo notara.
Salimos al pasillos de nuevo, pero no se podía ver nada, un humo negro y toxico arrebataba mis pulmones haciéndome toser en respuesta, Paúl puso su mano en mi brazo y apretó hacia abajo indicándome que debía agacharme para poder respirar mejor fuera del polvo del ambiente.
Con lo que no contábamos era, que si es verdad que los estúpidos zombies estaban desorientados y algunos explotados contra las paredes, pero otros muchos habían sobrevivido a la explosión, con algunos cachos menos en el cuerpo, pero en breve volverían a la caza. Volverían a nuestra caza... Esa de carne viva y suculenta .IRENE COMENDADOR (Colaboradora infectada)
FECHA DE INFECCIÓN: Agosto de 2010
CAPACIDAD DE AUTONOMÍA: Positiva
ESTADO:incomunicada
Archivos de la infectada (confidencial):
http://infectadosblog.blogspot.com/2010/08/estupidos-zombies-parte-tres-por-irene.html

1 comentario:

  1. Aunque ya lo lei en el blog de Irene me gusto mucho sigan chicos.

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