Blog de referencia en el universo zombi. Donde también encontrarás todas las novedades de los géneros literarios (juvenil y adulto).

infectadosblog@gmail.com
English plantillas curriculums vitae French cartas de amistad German documentales Spain cartas de presentación Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

¡ESTÚPIDOS ZOMBIS! por la infectada IRENE COMENDADOR (Capítulo cinco)

¡Maldita sea mi suerte! No solo estábamos hasta las cejas de putrefactos engendros, sino que además no oía una mierda, mis oídos estaban taponados, impidiendo que nada mas que un estúpido pitido penetrara en ellos.
Paúl me voceaba cerca de la cara, pero no tenia ni idea que era lo que me estaba diciendo, al parecer tenia que ser importante, puesto que su espresion siempre seria e infranqueable, ahora se había tornado en una mueca de disgusto y temor.
Miré como tonta para todos lados, intentando adivinar que era lo que alteraba a mi compañero de esa manera, y por suerte o desgracia vi a que se refería.
En la entrada de la casa, como a unos cuatro metros de donde nos encontrábamos, estaba parado un zombi muy especial: una maldita aberración, ese que todavía no había puesto nombre pero que ya era hora de bautizarlo, el carbón del zombi inteligente, el hijo de puta insistente, mi antípoda, mi Némesis, mi pesadilla al fin y al cabo. Por si no fuese ya difícil lidiar con los mal nacidos estos, que ahora uno de ellos discernía mas de lo normal.
Nos miraba con la cara aun mas desmejorada, si es que esa palabra se podía utilizar en ellos, con trozos de piel colgando de su mentón, eso me decía que un poco de la explosión que había causado Nick, le había llegado a el. Pero estaba estático, no venia a por nosotros y eso me dejaba muy preocupada.
En esa milésima de segundo pensé que tal vez Paúl no había reparado en el, y que las voces que me había dado no eran a causa de nuestro nuevo visitante. Así que haciéndole volver su cara con mi mano, le deje frente a la puerta de entrada, para que pudiera con sus propios ojos ver que se nos avecinaba.
Paúl frunció el ceño y pude leer en sus labios por primera vez un “corre!!!” que interpretaron mis piernas con rapidez. Pero eso era difícil, ya que para llegar hasta nuestra salida, había que pasar por delante de aquel bicho astuto, al que para ser mas clara a partir de ahora llamaremos “lúcido carbón de mierda” (ok, lo de mierda quizás lo retire porque se me hace muy largo, pero lo de carbón no).
Mientras Paúl lanzaba disparos contra todo lo que se movía aun, yo me concentre en el Lúcido carbón, y este en un movimiento más rápido que cualquiera que hubiese visto en su raza, se aproximó hasta mí, para cogerme con sus mutiladas manos.
Paúl me dio un empujón en la espalda, que hizo que mi cuerpo se lanzara hacia delante, casi estampándome contra el suelo repleto de cuerpos aun no muertos o aniquilados del todo.
Paúl estaba luchando con aquel zombi con sus manos, y los dos gritaban en sobremanera, y aunque no podía oír mas que el pitido del interior de mi cabeza, sabia que blasfemias e insultos salían de la boca de mi amigo. Mientras el Lúcido carbón solo berreaba como un abominable despojo furioso.
Los golpes iban y venían, y aunque quise ayudarle, no podía dejar de disparar a todo lo que a mí alrededor se movía, y como una loca moviendo mi cabeza de un lado a otro puesto que al no tener el sentido del oído era más difícil saber desde donde me atacaban.
Esa falta de audición hacía que todo me pareciese ir a cámara lenta, como en una escena de esas películas en el que para mantener el suspense dejan el sonido en un eco lejano que te estremece y que hasta que no dan al interruptor de nuevo no pareces respirar. Así me sentía, el problema es que mi interruptor quizás tardara en volverse a accionar.
Una vez destruidos los pocos despojos que quedaban en pie y mirando tras el Lúcido carbón, pude comprobar que en la calle había una andanada de mugrientos desando pasar a por su trozo correspondiente de nuestra suculenta carne, solo se lo impedían los dos cuerpos que ahora obstaculizaban la entrada, el del carbón y el de Paúl, que danzaban como púgiles en golpes y esquivos.
Tenía que hacer algo, y no podía disparar porque las únicas armas que llevaban munición descansaban dentro de la bolsa que se encontraba entre las piernas de Paúl en el suelo, y este estaba muy preocupado de que no le diera un mordisco el gilipollas que tenia enfrente.
Miré a mi alrededor y a causa de la explosión la barandilla de hierro de las escaleras de subida, había sido arrancada de su sitio, dejando unos trozos esparcidos por el suelo, cogí un par de barrotes que aun seguían unidos y me dirigí hacia los dos protagonistas de la pelea.
Oí un grito a mis espaldas, un grito de furia y miedo, y así fue como me di cuenta que había recuperado el maldito oído, pero no me alegre, no podía hacerlo cuando mi vida en unos segundos iba a terminar.
Con todas las fuerzas que pude arremetí contra el Lúcido carbón, y estampe mi “hierro de poder” en su maltrecha cabeza, haciendo que este se diera la vuelta en mi dirección, mientras que con las dos manos tenia cogido por el cuello a Paúl, que parecía pasar del morado al negro por momentos.
Casi sin movimiento en sus extremidades ya, dejo caer su cuerpo al suelo, uniéndolo a la pila de cadáveres postulantes que había en el, y al darse la vuelta me dispuse a soltar otro de mis golpes mortíferos, y que ilusa había sido, mis mínimas fuerzas no hirieron en absoluto al maldito carbón de mierda. Si, ya lo se, dije que no le llamaría así, pero en estos momentos cualquier insulto se quedaría exiguo y débil en mi vocabulario.
El muy hijo de puta hasta me sonrío después de recibir mi golpe, como si de una caricia se hubiese tratado, y eso me cabreó mas aun, dejando mi ira, mi furia y todo mi poco control aflorar.
Así que decidí no darle otro golpe, no, esta vez hundiría la punta del hierro en su pecho y lo retorcería hasta que mis fuerzas se extinguieran.
Así lo hice, pero como si no hubiese servido de nada, el hierro hundido en su pecho se quedo atorado entre sus costillas y no lo pude sacar, además de quedarme sin mi única arma, el parecía que solo había sentido un cosquilleo molesto, sonriéndome aun con mas fuerza si cabía.
¿Cómo y desde cuando los zombis sonreían?
En cualquier película que hubiera visto anteriormente eso no había pasado nunca, ¿de qué coño estaba echo este mal nacido? Pero claro esto en absoluto era una película, era nada menos que la vida real, y no iba a llegar el momento de que encendieran las luces y dijera el acomodador: “esto ha terminado, pueden irse a sus casas ya”. Ilusa…
Y en ese mismo instante en el que ya no pude retroceder, puesto que la pared paro mi avance, este me agarro del cuello y yo con mis dedos hundía mis uñas en su piel, haciendo que esta se despellejara como si de pelar una patata cocida se tratase.
Asqueroso, sencillamente nauseabundo, hasta en ese momento me daban ganas de vomitarle encima, pero la falta de oxigeno en mis pulmones me impedía hacer nada mas, mis manos perdían fuerzas y mis piernas cada vez dejaban de patalear con tanto ahínco.
Entonces, con la mano que tenia libre cogió una de mis muñecas y se la llevo a la boca, y bien sabia yo que quería decir eso.
El Lúcido carbón de mierda ( lo siento de nuevo), no quería comerme, no, el quería que yo fuese una de los suyos, el me quería para si, y mi cuerpo con esa revelación tembló hasta la puta médula, estremeciéndome cuando clavo sus negros y putrefactos dientes en mi fina y blanca piel.
El dolor era desorbitado, las ganas de vomitar me sobrevenían otra vez, puesto que había aflojado la presión de la mano con la que me sujetaba el cuello, al parecer tenia que estar controlándose para no devorarme entera, para no terminar con mi cuerpo ente sus fauces por completo.
Y una salpicadura me llegó a la cara, solo pensé que seria mi sangre explotando de la herida de mi muñeca, pero no, había sido otra cosa.
Los trozos de piel y pus que tenía en mi cara, pecho y hombros venían de mi oponente, de ese zombie que rápidamente por el impacto me soto, tanto del cuello como del brazo, dejándome así libre de salir corriendo.
Cogí a Paúl del suelo con las escasas fuerzas de las que pude echar mano, y con la otra mano arrebate la mochila que tantos problemas nos había causado, para echar un ultimo vistazo el Lúcido carbón que aunque estaba tirado en el suelo, se podía ver perfectamente que seguía “vivo” por así decirlo.
Había sido Nick, que con una especie de arma casera le había atinado en toda la cabeza, dejando que ahora se le viera una parte de su interior. Y sonreí a la idea de que quizás ya no seria tan inteligente con un cacho menos de cerebro.
El chaval salió un poco de la cocina, para ayudarme a coger a Paúl, que parecía resistirse a recuperar la consciencia y así arrastrándole pudimos al fin adentrarnos en la cocina antes de que la marabunta de zombis a nuestras espaldas nos dirá caza. Puesto que una vez tirado en el suelo su “jefe”, habían decidido tomarse la merienda con sus propias manos.
Cerré la puerta de la cocina lo mas rápido que pude y un par de brazos se quedaron entre esta y el cerco, pero no me dio tiempo a nada, cuando de mis espaldas broto un silbido, un afilado brillo, un hacha que con un golpe certero corto los miembros que asomaban por el hueco, haciendo que estos cayeran al suelo como simples trozos de carne muerta, y es que justamente eso eran.
Durante una fracción de segundo los contemplé, como sus dedos aun se movían, como parecían no querer perecer todavía.
¿Qué clase de mundo, de seres de las tinieblas y que clase de Dios permitiría este tipo de atrocidades?
Y enseguida mire mi mano. Allí, mas arriba de donde se supone que debería ir un reloj de pulsera, adornaba asquerosamente una marca sangrienta y deleznable; una marca que me condenaba a la muerte y tortura más inmundas y horribles. Si en algún momento mi mente había contemplado la esperanza de que la herida de mi pierna no fuese una infección, ahora ya daba igual, puesto que esta nueva mutilación en mi cuerpo si sabia a ciencia cierta que se trataba de un contagio, con el germen de los no-muertos.
Ayudaría a Nicolás a sacar de aquí a Paúl, e inmediatamente después le diría que me quitara del medio, que me pegara un tiro en mitad de la cabeza y que seguidamente quemara mi cuerpo, para así poderme asegurar no me convertiría en un engendro purulento.
Pero antes debía darle las instrucciones de cómo llevar la medicina a mi Jack, el no se merecía morir por la estupidez de mi persona, el no merecía ese final, el debía ser un superviviente. Porque nadie en toda la maldita tierra era mas digno de salir indemne de este infierno.
Una trampilla en el suelo de la cocina se descubrió, una puerta angosta que se escondía debajo de una estantería de aluminio gris.
Y allí Nick, tiró las bolsas, haciendo que estas pegaran un fuerte golpe contra el suelo, y después de introducir la mitad de su cuerpo dentro, me dio la orden de pasarle el cuerpo de Paúl. ¿Qué coño se estaba creyendo?
Una escalera de mano y bajar un cuerpo que de seguro pesaría mas de noventa kilos por lo grande y musculado, no eran tarea para un chaval de su estatura y edad. Así que le ordené que saliera y que me dejara a mí sacar el cuerpo desmayado de Paúl, este que respiraba aun, pero muy entrecortadamente, sin consciencia. Ya habíamos probado a darle de cachetadas, hasta verterle agua en la cara, pero aun así no reaccionaba.
Y a regañadientes Nick se apartó de la abertura del suelo y me dejo hacer lo que el había intentado antes. Sin duda cargar con el cuerpo de Paúl escaleras abajo seria muy difícil, por no decir imposible, pero los golpes y graznidos al otro lado de la puerta nos decían que no teníamos mucho tiempo que perder.
Pronto todos los estupidos zombis estarían dentro.

Ficha e informe de la infectada

Nombre: Irene Comendador. IAEA (infectada en área especial de aislamiento)

Estado: capacidad motora positiva. Consciencia alterada (el sistema nervioso presenta un preocupante nivel de deterioro pero sigue colaborando voluntariamente en los ensayos llevados a cabo).

Tratamiento: información clasificada.

Informar al presidente de la nación con carácter de urgencia

6 comentarios:

  1. Genial, Irene. He disfrutado desde la primera hasta la última palabra. Esto se te da pero que muy bien. Felicidades, rubia.
    LOS INFECTADOS

    ResponderEliminar
  2. Hay chicos gracias por el cumplido, no se, a cada capitulo creo que me dejo algo que decir, ajajajaj sera porque este tipo de genero no es lo que habitualmente e escrito , ajajaj peo bueno, seguire asi hasta que digais basta o me quede sin ideas, uuufff, bueno esto ultimo es poco provable, las ideas locas fluyen descontroladas, aunque no estoy diciendo que sean ideas buenas, ajajajaj
    Os adoro mis chicos
    Un beso infectado desde mi area especial de aislamiento, y por lo que mas querais, dadme algo de carne viva para subsistir que me teneis aqui encerrada pasando hambre, joer
    jajajajajajajajja

    infectados que os como toa la bocaaaaaaaaaa
    (literalmente claro)
    Irenilla Monroe

    ResponderEliminar
  3. SIIIIIIM;D


    Echaba en falta a Emma;D
    Quedó genial, como todo lo que hace mi niña;D

    A ver si termino de una vez la continuación de los Supervivientes X, que la tengo casi casi;D

    kisses mis Infectados;D

    ResponderEliminar
  4. Puff. Una narración ágil y tremenda. Y descarnada, como la misma historia, lo que facilita leerla.

    PD: buenísmos los apuntes del final y las clasificaciones.

    ResponderEliminar
  5. Me encnato amo la agilidad de esta historia te mando un beso Irene y sigue escribiendo

    ResponderEliminar
  6. ¡Menudo estilo que tenéis por aquí!

    ResponderEliminar

GRACIAS POR COMENTAR Y EXPANDIR EL VIRUS