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"Estúpidos zombis" Por Irene Comendador

¡¡Estupidos Zombis!! Capítulo 6

La piel de la herida me palpitaba, seguro no era buena señal, como si millones de hormigas estuviesen de fiesta en ella. Ya había cargado con el cuerpo de Paúl y muy para mi sorpresa, sí que pude. Con esfuerzo, claro. Pero pude bajarle por la angosta escalera que daba al inhóspito sótano o cloaca.
El olor allí abajo, era aún peor de lo que era estar cerca de los putrefactos zombis y eso me hacia plantearme si también estarían ocupando dichos pasillos. Estaba muy oscuro y una vez Nick bajó detrás de mí, sacó de una de las mochilas una gran linterna que al parecer tenía un regulador de intensidad y lo puso a la máxima potencia; haciendo que se descubriera ante nuestros ojos un túnel estrecho y húmedo, donde las paredes parecían estar untadas con manteca de cerdo.
Sencillamente repugnante. Y ahora me preguntaba infantilmente: de qué me había servido darme el baño en la noche anterior.
El relente del ambiente estaba empezando a dejarme algo angustiada, mi respiración acelerada tampoco ayudaba mucho, la verdad. Cargar con el cuerpo inerte de Paúl estaba siendo un suplicio, pero no podíamos abandonarle allí, aunque para ello tuviésemos que ir a paso de tortuga. Nick ya se había encargado de cerrar la trampilla minuciosamente y, según él, había colocado un dispositivo que una vez esta se cerraba a nuestras espaldas, la estantería se posicionaba encima y no dejaría a los engendros que nos perseguían saber por donde nos habíamos escaqueado.
Eso nos daba algo más de margen pero, si seguía “vivo” el maldito cabrón hijo de puta inteligente, estaba segura que encontraría nuestro escondrijo.
Tampoco podía pedirle ayuda al pobre muchacho para cargar con Paúl porque llevaba a cuestas sus dos mochilas, abultadas y aparentemente pesadas, una por delante y la otra por detrás, bien atadas a su cintura que le daban un aspecto mas pequeño, envuelto entre tanto trasto. Y además en uno de sus hombros portaba la bolsa de Paúl, que no hacía falta imaginármelo, ya sabía a ciencia cierta que pesaba como los mil demonios.
— ¿Estas cansado?— le pregunté cuando sentí una exhalación detrás mía.
—No, estoy bien. Lo que me jode es no poder ayudarte a llevar al dormilón este. Seguro que se está haciendo el dormido solo porque tú le estás cargando— dijo intentando que no se le notara la cara de esfuerzo.
—Aparentemente este sitio esta deshabitado, si quieres podemos descansar aquí un rato. No te veo bien, Nick.
—Que ¡¡nooo!! Estoy bien, no soy tan niño como te crees, ya he pasado por muchas cosas yo solo y me he cargado muchos cabrones de esos. Así que no me ofendas con tus suposiciones ¿vale?— y aunque quiso sonar enfadado, lo ultimo sonó a suplica.
Pero sabía que me engañaba y no quería que se desmayara por el esfuerzo. Su cara estaba empezando a tornarse en un amoratado extraño y la congestión de sus facciones y respiración me alarmaban.
—Perdona, creo que me he explicado mal, solo puse una escusa para poder descansar yo ¿te importa que paremos un poco?—dije en tono serio, para que no creyera que me estaba riendo de él.
Asintió y, aunque intentó evitarlo con un carraspeo, pude oír con facilidad el suspiro que soltó cuando las bolsas que cargaba, las dejaba en el suelo de aquella alcantarilla.
Recosté a Paúl contra la pared, sin saber muy bien sobre qué le ponía. Seguro que al despertarse me machacaba por dejarle la ropa echa un desastre y con olor asqueroso, pero tampoco había mucho donde elegir, la verdad.
— Debemos despertarle, no puedes seguir cargándole.
No me dio tiempo a reaccionar cuando ya estaba metiéndole sendas bofetadas en los carrillos, retumbando el sonido en las paredes estrechas, volviéndose el sonido eco molesto.
Al no responder este, Nick me cuestionó con un gesto, y solo se me ocurrió una cosa.
Me arrodillé y le tapé la nariz con una mano y con la otra su boca, para dejarle sin aire que respirar. En tan solo un minuto empezó a convulsionar, tosiendo sonoramente y abriendo por fin los ojos. Aunque lo que no me esperé es que me cogiera del cuello con tanta fuerza y apretara ahogándome. Seguro que creería que era un zombi o algo así, y con el susto y aturdimiento solo se estaba defendiendo.
— ¡¡¡¡Suéltala, le vas a hacer daño, gilipollas!!!!— gritó el chaval mientras intentaba quitarle las manos de mi garganta.
Notaba un cosquilleo incomodo en mi nuez y estoy segura que si llega a tardar un segundo más en soltarme, me deja muerta por completo. Empecé a toser una vez sentí mi cuello libre intentando que el aire volviera a mis maltrechos pulmones. Después del esfuerzo, esto no era lo más indicado.
—Perdona, creí…— intento decir Paúl.
— Nada….no es nada…estoy bien…—dije entre una expectoración y otra, mientras escupía en el suelo.
—Mira que eres bruto. Casi la ahogas, Paúl; después de que ha cargado contigo hasta aquí, mole de carne— le recriminó Nick propinándole un golpe en el hombro.
—Lo siento, de veras que si…— siguió disculpándose.
— Ya vale los dos. Reponte pronto, no podemos estar mucho tiempo aquí parados. No se por qué este sitio no me da buena espina. Así que hay que moverse ya— les dije poniéndome de pie.
— ¿Dónde estamos?
—Al parecer, Nick lo tenía todo muy bien pensado. En la cocina de su casa había una trampilla que conducía a esta especie de túneles. ¿Nick, a donde nos llevarán? — le pregunté al chico.
— Pues no lo sé con seguridad, porque nunca he bajado aquí. Estaba muy cómodo en mi casa ¿sabes? Además, a mí tampoco me resulta muy de confianza este lugar. Pero mejor que como ha quedado mi casa, sí es. Al menos por ahora.
Las lágrimas del muchacho querían hacer su aparición, pero se contenía de llorar. Era un chaval fuerte, valiente y muy listo. Había preparado una gran cantidad de cosas que en un supuesto caso de evasión le pudieran hacer falta y, por lo que comprobamos Paúl y yo, al mirar dentro de sus mochilas, lo tenía todo muy bien pensado.
Saqué una de las pistolas pequeñas de la mochila y me la aseguré en la cintura. Tenía que hablar a solas con Paúl sobre mi herida porque sabía que en cuestión de segundos o minutos —horas seguro que no—, pasaría a formar parte de los que estaban arriba esperando por nuestra suculenta carne. Tenía que decirle a Paúl lo que pasaba y que él pusiera fin a mi vida, además de contarle sobre Jack; darle la medicina para que con eso al menos tuviese una oportunidad. Solo esperaba que me diera tiempo poner a Nick a salvo de los zombis, y a salvo también de mí. Prefería que paúl no me matara en su presencia. Buscaríamos la forma.
—Nick, tengo que hablar de algunas cosas con Paúl a solas ¿te importaría ir hacia delante y ver como están todos? Asegurar el camino y eso… por favor.
—¿Pasa algo que no quieres que sepa, Emma?—dijo algo molesto.
—No, son solo cosas de mujeres, y con Paúl ya lo he hablado antes. Solo es eso. Por favor, hazme caso por esta vez.
Nick no contestó. Le dimos un par de armas y se alejó a paso cansino por el túnel; llevando una de las linternas que había preparado.
—¡¡No te alejes demasiado, muchacho!!— gritó Paúl cuando casi ya no veíamos la luz de Nick
— ¿Qué ocurre? Tu cara es un poema. ¿Te has notado cambios por lo de la pierna? porque creo que hace tanto tiempo ya, que seguro solo será un arañazo…
— Mira— le corté mientras le enseñaba el claro mordisco en el brazo.
Paúl se quedo muy serio mientras que observaba concienzudamente mi nueva herida. Entonces saqué el arma que me había metido en los pantalones y la alcé.
Su cara era de sorpresa, creyendo que lo que quería era cargármelo allí tirado en el suelo, y por un momento no supo como reaccionar. Ese justo momento fue el que me bastó para dar la vuelta al arma y entregársela por la empuñadura.
—Quiero que me dispares. Sé donde me conducirá esta herida. Sé que estoy infectada, lo puedo sentir. Todavía no noto cambios, pero se que vendrán. Ahora ya no es una simple rozadura. Ahora le he visto morderme y verter su mierda dentro de mi piel para convertirme en uno de ellos. Sé que lo ha hecho adrede, lo he visto en sus ojos, lo sé. Pero antes de que me aniquiles, quiero pedirte dos cosas. Primera: cuida del chaval, no le dejes en la estacada, es muy inteligente y maduro pero no creo que sobreviva ahí fuera solo, aunque él crea que sí. No me dispares delante suyo, porque te reprochará que lo hayas hecho, así que deberás ser ágil y hacerlo cuando el no nos vea. Y segundo: tengo que pedirte algo muy muy importante, Paúl…
— Lo que quieras—dijo con los ojos vidriosos y sujetando firmemente la pistola entre sus manos, con el dedo índice en el gatillo.
— Tengo a un… “amigo” al otro lado de la ciudad, esta esperándome desde hace ya más de dos días, y no se cuanto aguantará— saqué la pequeña bolsa beige de mi bolsillo—. Aquí esta la única cosa que puede salvarlo. Está gravemente enfermo y necesita que le inyectes esto en el cuello, si no, morirá. Ni siquiera estoy segura de que no haya muerto ya. Te diré exactamente donde puedes encontrarle. Se llama Jack y es la persona más importante de mi vida. Si le pasara algo yo…
Y no pude más. Las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas, nublándome la vista, secándome la garganta.
— ¡¡¡Corred, corred!!!—gritaba Nick mientras aceleraba su paso en nuestra dirección por el pasillo—Vienen para aquí, los he oído ¡¡¡Corred!!! Vamos, moved el culo…
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FICHA
Nombre de la infectada: Irene Comendador
Ubicación: Área de aislamiento
Informe de seguimiento: La paciente muestra claros deterioros neuronales que se han ido acentuando en los últimos meses, aunque sigue colaborando con los ensayos y el tratamiento. Se recomienda aislamiento total y electroshock.

2 comentarios:

  1. Mi Ireee... como echaba de menos a Emma y sus problemas con estos zombies...

    Una maravilla:d

    Kisses

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  2. Uy genial extrañaba esta historia . Necesitaba reir un beso mi Irene amo como escribes.

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