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LISTA DE CONCURSANTES DE LA SEGUNDA EDICIÓN DE RELATOS DE LA SEMANA ZOMBI





Hola, Infectados!!! 


En primer lugar queremos dar las gracias a todos los participantes que nos han enviado sus relatos a esta Segunda edición de la semana del relato Zombi en nuestro blog. También agradecer a todos aquellos que de forma desinteresada han difundido tanto en páginas web, blogs y redes sociales,  apoyando esta iniciativa.
Los relatos que hemos recibido no tienen desperdicio y hay de todos los colores, como debe ser. Con muchas ocurrencias, buenas historias y sobre todo...muchos zombis.
Los relatos empezarán a colgarse en INFECTADOS a partir de hoy día 10 de Mayo, durante la tarde noche, y con 3 relatos por entrada.
Las votaciones se empezarán a realizar a partir de que se postee el último relato, y haremos una entrada para anunciar que empiezan las votaciones en las que dejaremos 2 días para los votos y las normas. 


Los participantes por orden de llegada al correo electrónico son los siguientes:
Sergio Z 
Camila 
Jesus Delso  
Deborah F. Muñoz 
Anna Karine 
Citu 
Uriska 
Pablo Joshuado 
Irene comendador 
Maga de Lioncourt    
Ave Marcos 
Alfonso Zamora  
Rodrigo Yañez 
Ayda Albiar 
ProseRage 
Erzengel 
La Bruha
La Hechicera del Narguile
Alisdei 

Si por algún motivo alguien no ha salido en esta lista, podrá comunicárnoslo y reenviar el mensaje con la fecha  que se nos notificó, por si ha habido algún problema con el correo. Para ello, dejaremos hasta el día 11 de Mayo (12:00 horas) para notificarlo. Si no, daremos por buena esta lista. 
También cada concursante podrá colgar su relato en su blog correspondiente, o en Face Book,  una vez se haya publicado en INFECTADOS, y hacer propaganda para recaudar votos. Aquí todo vale para la supervivencia, no lo olvides. 
Muchísima suerte a todos y a disfrutar de La Epidemia!!!!!


Y para abrir esta segunda edición, una mención de honor a nuestra anterior ganadora de la primera edición: Iris Martinaya, que ganó por goleada con su relato: UNA DE ZOMBIES. 


"Una de Zombies" (por Iris de http://alasparavolar.blogspot.com/)Las cuerdas aprisionaban mis muñecas provocando rozaduras de las que manaban hilillos de sangre que goteaban en el suelo produciendo un tintineo. Por enésima vez traté de liberarme, mientras dejaba que mi mente vagara de nuevo por el pasado más reciente.
La vida en los suburbios era dura para una chica sin familia. Durante años había vivido en la calle, alimentándome de la basura, durmiendo entre cartones, escondiéndome en portales, sobreviviendo como podía. Por todo ello, no dudé ni un instante en confiar en aquel hombre, que me prometió una vida llena de lujos y glamur. Serás una modelo famosa, -me había dicho el tipo con un brillo calculador en la mirada, algo que en ese momento y por mis ansias de superarme y escapar de aquella infernal vida, no tuve en cuenta. Y ahora estaba aquí, atada de pies y manos, confinada con otras cinco chicas en un húmedo cuartucho a la espera de que esos cerdos, entregaran nuestros cuerpos doloridos por las constantes palizas y las vejaciones a las que nos habían sometido, a otros canallas aún más crueles e inhumanos que ellos.
Fuera se oyó un estruendo. Parecían gruñidos de animales, como si una jauría de perros rabiosos se hubiera enzarzado en una pelea. El pánico empezó a cundir entre las chicas. Una de ellas presa de la desesperación y el miedo, consiguió doblarse sobre sí misma y mordía frenética las gruesas sogas que le ataban las piernas. Las demás tratamos de imitarla. Algunas acostumbradas al ejercicio, aunque no fuera en un lujoso gimnasio, sino por haber tenido que huir en más de una ocasión de los maderos, o de pandilleros dispuestos a acabar contigo, lo conseguimos, el resto animaban a las que estaban a punto de liberarse, rogando porqué estás llegado el momento no corrieran y las olvidaran en aquél cutre agujero.
La primera en soltarse era una mujer alta, de pelo rubio platino y perfectas medidas, que había estado llorando sin parar durante los tres días que llevábamos de cautiverio. Se colocó de espaldas delante de su compañera de encierro para que está a su vez mordiera las cuerdas que aún amordazaban sus manos. Sin perder un segundo está se afanó en roer las amarras de su compañera, mientras las demás no quitábamos ojo a la puerta donde la jauría seguía rugiendo.
La japonesa fue la segunda en poder utilizar sus cuatro extremidades. Tras haber ayudado a la rubia a liberarse, esta la desató. Admiré a la chica oriental por su compañerismo, habría desgastado sus dientes, pero no cesó en su empeño hasta que las sucias cuerdas de la rubia cayeron al suelo en una maraña deshilachada, eso era una mujer fuerte, -pensé que de tener que elegir con quien escapar de aquí la elegiría a ella. Las que podían usar las manos ayudamos a las demás, mientras que el resto trataba de hallar la manera de salir de aquel oscuro y húmedo agujero, sin tener que pasar por aquel infierno en que parecía haberse convertido el exterior del cuartucho y del que solo una delgada puerta nos separaba.
Un ventanuco pequeño y demasiado alto, era la única apertura de la que el zulo disponía, con lo cual no nos quedo de otra que armarnos con dos viejas sillas que habíamos lanzado al suelo hasta reducirlas a astillas y con el máximo sigilo, aventurarnos a salir.
Aquello era una carnicería. Los cuerpos de nuestros captores se hallaban desmembrados, desperdigados por suelos y paredes. Sus estómagos abiertos, de los que asomaban sus asquerosas vísceras, estaban esparcidos por doquier. A uno de ellos parecía quedarle aún un hilo de vida, pues extendía sus dedos suplicantes y temblorosos hacia nosotras, mientras que sus ojos desencajados, rogaban ayuda en silencio. El hedor a carne podrida era insoportable. Taponé mi boca con la mano, mientras me sujetaba el estomago con la otra, tratando de contener las arcadas. Los gruñidos feroces de aquellos extraños seres llenaban la habitación. Las figuras que se arrastraban sobre los pútridos cuerpos sangrantes, parecían humanas. Vestían harapos grasientos y con manchas rojas que deduje debía ser la sangre de sus víctimas. Sus caras tenían agujeros tan grandes como cráteres, como si el acné juvenil se hubiera cebado en ellos a lo bestia. Los pútridos dientes negros, parecían afiladas cuchillas, a juzgar por la facilidad con que estaban dejando en los huesos a los cuatro fornidos hombres que durante días nos habían golpeado, vejado, humillado y violado sin descanso. No pude evitar el sentimiento de satisfacción que me produjo verles castigados de aquella cruel e inhumana manera. Mis compañeras debían pensar igual, pues la negra que media casi dos metros y a la que más veces habían doblegado a golpes, se acercó al solicitante de ayuda y le pateó la cabeza con saña. Las demás nos quedamos absortas en la escena sin percatarnos de la atención que habíamos levantado sobre nosotras por parte de aquellos carnívoros, que se relamían al oler la nueva oferta de carne que se les presentaba. La negra se cansó de cocear al cerdo numero uno y se arrinconó con las demás, que ya nos habíamos hecho una piña contra la pared, mientras que veíamos con terror como los caníbales se nos acercaban lentamente, lanzando gruñidos y dentelladas al aire. Moví mis ojos rápidamente, barriendo el escenario, en busca de un arma más potente que aquella pata de silla en la que había clavado las uñas con tanta facilidad que no pude dejar de pensar en que, para los dientes de aquellos monstruos resultaría tan blanda como el más suave algodón.
La hermosa vista del cañón de una beretta, provocó que mis ojos brillaran. Solo tenía que distraer a estos zoquetes que, a pesar de parecer fieros, sus movimientos me decían que no poseían demasiada inteligencia y llegar hasta el secuestrador número dos, de cuyo bolsillo desgarrado asomaba el cañón de la pistola.
Las chicas lloraban descontroladas abrazándose unas a otras, solo la japonesa parecía estar buscando una manera de escapar. La miré y nos comunicamos sin necesidad de palabras. La rubia de curvas perfectas sin quererlo ayudó al frente común que la japonesa y yo acabábamos de formar, arrojando de un empujón a la más chillona del grupo que, histérica al verse caer en manos de los caníbales, se aferraba a los brazos de la rubia tratando de arrastrarla consigo.
Los engendros no perdieron tiempo. Se lanzaron como perros rabiosos en busca de un sabroso hueso. Una punzada de culpabilidad casi consiguió que fuera en su ayuda. Aquello solo duró un instante. Cuando mi cerebro empezó a funcionar de nuevo y cubierta por mí nueva compañera de armas, me tiré a por la beretta. Había visto más de una pistola en mis años callejeros, así que no me costó demasiado amartillar el arma, quitar el seguro y apuntar al enjambre de abejas que parecían formar aquellos monstruos sobre el cuerpo de la chica que ya hacia unos segundos que había dejado de gritar, lo que quería decir que al menos su tortura había acabado rápido.
Algunos de los carnívoros cayeron bajo la ráfaga de disparos que lancé. Otros, furiosos por la interrupción de su almuerzo, cargaron contra nosotras. El resto de las chicas se escudaban en mí y en la oriental, que a pesar de que la única arma que blandían sus manos seguía siendo la madera podrida de la pata de una vieja silla, poseía tal determinación por salir con bien de aquel sucio cuchitril que todas, incluyendo la negra de dos metros, se escondían detrás nuestra cual bebes indefensos. Aquello empezaba a cabrearme. Tanto que intercambiando una rápida mirada con mi camarada decidimos que debíamos repetir la operación-distracción que la rubia de medidas perfectas había realizado unos minutos antes. En dos ligueros movimientos la rubia fue pasto de los zombis, mientras que el resto, cuan alma que lleva el diablo pusimos pies en polvorosa a la velocidad del la luz.
Antes de flanquear la puerta, y tratando de ignorar los alaridos de dolor que la rubia profería a todo pulmón, un nuevo obstáculo se presentó. El cabrón número uno al que nuestra amiga Jonhson había pateado hasta la muerte, resultó que aún no lo estaba y se aferró a la pierna de la negra clavando sus dientes que ya habían cambiado de blancos y brillantes a pútridos y negros. La negra chilló como un cochinillo. La japonesa y yo tiramos de ella enérgicamente sin importarnos que uno de sus miembros inferiores quedase atrás y seguimos corriendo, con ella a remolque.
¿Por qué la salvamos a ella y no hicimos nada por las demás? Era algo que me pregunté constantemente cuando al salir al oscuro y desconocido callejón al que daba aquel antro en el que nos habían tenido encerradas y pude ver con claridad como por la boca de la mordida salían unos vomitivos espumarajos.
Aun empuñando el arma, la aparté de mi lado de un empujón que teniendo en cuenta que le faltaba casi la mitad de una pierna, ni siquiera consiguió que se tambaleara.
-Dispárale- bramó la única chica que quedaba, a parte de la japonesa, a la que no había escuchado hablar, ni gritar en los tres días de horrores que habíamos vivido. Ni siquiera cuando esos hijos de puta se la llevaron a rastras para someterla al mismo tratamiento al que nos habían sometido a las demás, se oyó un solo quejido por su parte. Era toda fuerza y contención y cada vez sentía más admiración por ella.
La beretta me empezó a temblar entre las manos. Una cosa era empujar a alguien para salvar tu vida, o disparar contra unos monstruos y otra muy distinta meterle una bala entre las cejas a una mujer que había vivido el mismo horror que tú y que te miraba con ojos suplicantes mientras las arcadas la acosaban provocando que se doblara sobre sus casi dos metros, vaciando su estomago con unos sonidos huecos que hacían daño a los oídos.
Mi compañera de armas, colocó su escaso metro cincuenta y cinco detrás de mí, sujetó mis temblorosas manos entre las suyas, y forzó mi dedo a apretar el gatillo.
El pequeño y mortal misil impacto en la cabeza de la chica con tanta fuerza que la empotró en el callejón.
Ya solo quedábamos tres.
La japonesa me sostuvo contra su cuerpo más tiempo del que me pareció necesario, pero…
Me gusto. Me gusto sentirla detrás de mí, saber que alguien me cubría, se preocupaba por mi seguridad. Había pasado toda mi vida sola, sin nadie a quien le importara, y sin importarme nadie lo más mínimo. Ella debió notar algo parecido a lo que me obnubilaba los sentidos en este momento, pues dejó que me recostara en su corta estatura, y me rodeó la cintura con los brazos.
Unos minutos después, cortadas por nuestra reciproca reacción, nos giramos. La tercera chica era inglesa y su piel blanca como la nieve relucía en la oscuridad.
-Salgamos de aquí- dijo demasiado impaciente, y ocultando uno de sus brazos detrás de la espalda.
-Saca la mano- pedí acercándome a ella con cautela.
-¿Para qué?- preguntó a la defensiva, lo que la terminó de delatar. Eso y que su boca ya empezaba a rezumar, además de un tufillo que emanaba a su alrededor. Sus ojos se volvían vidriosos a pasos agigantados.
Se movió lentamente, como si ni ella misma creyera lo que le estaba pasando y enseñó el mordisco que había tratado de ocultarnos. La piel blanca, casi translucida que antes lucia, empezaba a volverse morada, como si toda la sangre se hubiera agolpado en esa zona de su cuerpo.
-Lo siento- esta vez sin pestañear, apunté a su cabeza y apreté el gatillo sin necesidad de apoyo.
Me enfundé la beretta en la cintura de mis destrozados vaqueros y ofrecí la mano a mi compañera.
-Salgamos de aquí- antes de que la última silaba saliera de mis labios, nuevos gruñidos llenaron el callejón. Nos pusimos en guardia, dispuestas a luchar por nuestras vidas… con uñas y dientes.
-Juntas- le dije a mi compañera apretando sus delgados dedos.
-Juntas, respondió ella pegando su cuerpo a mi costado, preparada ya para luchar.
Hacíamos un buen equipo. Y nuevamente quedó demostrado, cuando tras una nueva escaramuza, los miembros putrefactos de los zombies decoraron el suelo y las paredes del apestoso callejón.
IRIS

11 comentarios:

  1. Que bien, que ilusión ver que esto ya empieza a marchar, jajaja me acuerdo como si fuese ayer cuando empezo el anterior concurso, jaajjaja
    Y leer el relato de Iris otra vez, ha sido todo un lujazo , como decis para abrir boca, muchisimos besos infectados, ya quiero leer esos maravillosos relatos queparticipan, ya quiero, ya quiero YA QUIEROOOO!!!!!!!
    muac!!!!!!!!!!
    Os adoro mis chicos

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  2. Cuanta gente!! Apenas un par de amigas, así que ya veo que será muy divertido estar leyendo y conociendo nuevos autores.
    ¡A ver quién sobrevive a ésta semana!

    Besos y suerte ;-)

    Pd: el relato de Iris me sorprendió, ya sé que si hay infección y nos volvemos zombies no la dejo que se me acerque ni... no muerta :-P

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  3. Qué buen relato ha hecho Iris. Felicidades xDD

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  4. Os he reenviado el mail porque yo no salgo ahí! :(

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  5. Me encanto el relato de Iris y sera un placer participar.

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  6. Este 2º concurso estará de muerte.

    Mucha suerte a todos los participantes.

    ~Ade~

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  7. Mucha participación, si señores!. Es un honor estar entre los participantes y deseo toda la suerte del mundo a cada autor. Un saludo y que sea lo que el diablillo quiera

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  8. Suerte a todos!!!!! Y gracias otra vez.

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  9. Wiiiiii!!!! Bueno, pues a esperar que salga mi relato. Aunque creo que no debería hacerse propaganda hasta que se pudiese poder votar. Porque sino, los que tengan el relato publicado antes tienen más posibilidades de recaudar votos por tener "mas tiempo" ¬¬'

    Bueno que me alegro mucho.

    Camila!!! Te enlazo en mi blog!!! Muaks!!

    labibliotecadelatrinchera.blogspot.com

    ^^

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