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RELATOS 2ª EDICIÓN SEMANA DEL RELATO ZOMBI. HOY: RODRIGO YÁÑEZ, AYDA ALBIAR Y PROSERAGE.


RELATO Nº13 SACRIFICIO por RODRIGO F. YÁÑEZ  del blog http://dedobediente.blogspot.com/

         Mi mujer había muerto. Mis padres, mis hermanos... todas las personas con quien alguna vez tuve relación. Todos muertos.
Ahora estábamos sólo yo, mi pequeño hijo Fernando, y un grupo de tres personas; Carla y su hermano Ramón, y una señora llamada Olivia de, al menos, sesenta años de edad. Juntos, improvisamos una especie de refugio en una de las villas nuevas de Rancagua.
                Rancagua...¿Qué habrá sido de las personas allá? ¿Cómo lo habrán vivido? Si es que lo lograron, claro. Ahora la vida era un porcentaje mucho menor que la muerte. Esta vez eran los muertos los dueños del día, pero también de la noche. Y nosotros, el resto, los que debíamos acostumbrarnos al permanente terror.   
                —¿Mamá ahora será uno de ellos, verdad, papito?
                —Sí, hijo. —respondí con la verdad. No había razón para ocultar lo que pasaría (si es que ya no había ocurrido) con su madre. Pocos días antes, vimos, Fernando y yo, cómo esas cosas andantes se peleaban por comer la poca carne que quedaba de un cadáver tirado allí, sin más, en pleno estacionamiento de un mall. Después de aquello, sumado a toda la locura que vino luego; con personas corriendo en todas direcciones huyendo de los muertos, entonces no, no podía mentir a mi hijo haciéndole creer que su mamá estaría bien, tras haber sido mordida por uno de ellos.
                Olivia me miraba con una sonrisa de calma, al tiempo que mi hijo se acurrucaba en mi pecho, durmiéndose. Había llegado una cálida noche.           
—Haces bien en no mentirle, ¿sabes? —dijo Olivia.
Yo no estaba tan convencido de qué tenía de bueno contar la verdad a un niño sabiendo que la mentira pudiera ser más placentera para poder dormir.
                —Debemos salir de éste lugar, y pronto —dijo Ramón, interrumpiendo nuestra pequeña conversación—. En algún momento llegarán acá. Pueden olernos, ¡lo sé!
                —Ellos no pueden oler, tonto —respondía su hermana—. Están muertos.
                —Eso no les impide andar caminando. —dije.
               
                No podríamos estar mucho tiempo más escondidos. Ya no quedaba comida, y el agua se había terminado el día anterior. Estábamos en pleno campo. No había un solo auto cerca. Si dejábamos su casa, no había plan más organizado que limitarse a correr.           
                —Voy a cagar —avisó Ramón. Todos los demás cruzamos miradas de asco, pero era algo a lo que había que acostumbrarse. El wc ya no tenía agua, así que un día no quedó más escoger un rincón, alejado un poco de todo, para los desechos. Las moscas ya habían infestado toda la casa, y la putrefacción no sólo era parte de los muertos, sino de nosotros.
                Traté de pensar en otra cosa. ¿Se habrían ido las pocas personas que quedaron con vida? Lo más probable, pero, ¿por qué cortar el agua la electricidad?
¿Es que acaso estábamos en cuarentena sin haberlo notado? Imaginaba yo que sólo una bomba destruiría a los muertos.
Una terrible bomba que lo incendiara todo, sería la única forma de acabar con todo, y todos. Las llamas no discriminarían, sólo matarían. Para mi era comprensible.

Un grito desgarrador me sacó de mis atómicos pensamientos. Era Ramón.
                Todos se alarmaron y mi hijo despertó de un salto.
                De la penumbra, caminando a penas, apareció Ramón sujetándose el cuello. Emanaba sangre.             
         —Ya llegaron —. dijo, y cayó de cabeza al suelo. Su cuello quedó desprotegido y pude ver que le habían arrancado la carne de una mordida.  Ya no dijo más. Sólo la sangre, que se desparramaba, hablaba por él.
                Carla quiso acercarse, pero la tomé del brazo con fuerza. No era momento de demostrar simpatía por nadie.
                —Es mi hermano —dijo ella—. ¡Mi hermano! —se acercó de todas formas.
                Sentí muchos pasos desde afuera de la casa, gritos inexplicables que sólo podrían definirse como locura. Eran ellos.
                Nos encerramos en el cuarto del fondo. Estábamos mi hijo y Olivia. Carla estaba ya perdida.
                Me agaché para ver por entre el cerrojo: los hermanos estaban siendo devorados. El chico estaba muerto, pero a ella se la comían viva.
                Tratamos de mantener silencio. Fernando se llevó las manos a la boca.
                 Uno de los muertos, un hombre muy viejo, mordía el cráneo de la chica, mientras sus dientes se caían. Otro pasó a llevar una vela y ésta cayó encima de un montón de libros. Comenzó a armarse un incendio. Olivia gritó. Ellos se dieron cuenta y comenzaron a forzar la puerta sin demoras.
                —¿No hay salida por acá? —grité, desesperado.
                —La ventana —indicó Olivia—, pero está empalada por fuera.
                Era un espacio muy reducido, pero había que intentarlo.           

                Mientras Olivia y Fernando se ponían contra la puerta para impedir que ellos entraran, yo, con un martillo, comencé a golpear las tablas de la ventana como pude.
                La casa se incendiaba. Comenzó a llenarse de humo, pero eso no impedía que los muertos siguieran intentando entrar a la habitación.
Comencé a toser.
Apenas, seguía golpeando con el martillo hasta que, al fin, la ventana cedió. Empujé como pude hacia afuera. Miré hacia mis espaldas y vi un par de manos que ya se asomaban entre la puerta. Nunca sentí tal terror.  
                Tomé una decisión.       
                —Adiós, hijo —me despedí—. Perdóname...
                Como pude, entré por el estrecho espacio de la ventana mientras él me miraba atónito. Sentí un par de astillas clavarse en mis hombros y piernas, no importaba.
                Una vez afuera, oía a Fernando y Olivia entre toces y aullidos, pero yo seguía clavando la madera por fuera de la casa para volver a cerrar la única salida. Si los encerraba ahí, los muertos estarían ocupados alimentándose... y yo tendría tiempo de escapar.
                Después corrí. 
                Llegué, después de un día, a una casa abandonada donde quedaban aún restos de comida que me alcanzarán para un tiempo, y también un notebook desde donde les escribo éste relato. Me pregunto si alguien lo leerá alguna vez.
                Si se preguntan si me siento arrepentido, la respuesta es no. Seré juzgado sólo por Dios. Si es que sigue habiendo uno…


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RELATO Nº14 ¿DÓNDE? por AYDA ALBIAR de los blogs  http://lalibreriadelatrinchera.blogspot.com/ http://europeanbeauty.blogspot.com/

Con un niño de tres años caminando en plena calle quién me hubiese visto seguro habría pensado que había perdido el juicio. Pero ¿Qué podía hacer?
            Todos habían muerto. Familia y amigos. No sabía nada de mi marido, pero estoy segura que de haber podido, habría regresado a casa. Su ausencia me confirmaba lo peor.
            Sobrevivimos las primeras semanas a base de conservas y arroz. Pasta con tomate. Después a base de saquear las casas de los vecinos.
            Lo peor era dejar al niño solo. Pensaba que era la mejor opción, pero se quedaba llorando y podía atraer la atención de los zombies. Después pensé que estaba loca por arriesgarme a ir con él por ahí. Aunque Darius era obediente, y cuando se tenía que quedar callado. Callaba. Tenía un pavor horrible a quedarse solo en casa. Temía que no regresase, como hizo su padre, o el resto de la familia. Así que pensé que quizá si me mordían, él tuviese alguna oportunidad. Que alguien lo encontrase y lo ayudase. Ojalá.
           
            Corríamos por la calle. A él lo llevaba a cuestas emparapetado entre la mochila y mi espalda. Llevaba una manta de viaje. Conservas. Agua. Pastillas potabilizadoras, chicles sin azúcar, un par de fotos, una muda de recambio y un jabón de lavar. También una pequeña bolsa de aseo con dos cepillos de dientes y un tubo de pasta. Un par de toallas. Un frasco de gel. Dos chaquetas. Le había rapado la cabeza al niño y a mí. Eso daba ventajas en ciertos sentidos: No necesitabas champú y evitabas los piojos. Llevabamos unas gorras de color oscuro y unos gorros de abrigo. También un par de rollos de papel higiénico.
            No sabía bien qué ruta tomar. La montaña parecía lo más seguro, pero era empinada y nunca he tenido buena forma física. Los caminos me parecían muy peligrosos. Lo mejor sería tomar una carretera dónde se pudiese ver de lejos y que tuviéramos varias alternativas de escape. Sólo tenía un par de cuchillos y un bate para defendernos. Era un suicidio. Aún así, necesitaba encontrar a más gente y darme cuenta que no éramos las únicas personas que quedabamos en el mundo. Mi hijo no se merecía una cosa así.
            El ocaso nos sorprendió en una gasolinera de carretera, en las afueras de un pueblo de Valencia. Me aseguré de que no había peligro y después nos metimos en el despacho. Eché una botella de amoniaco en la puerta, cómo hiciese Will Smith en la película de "Soy Leyenda", para evitar que captasen nuestra olor y cerré la puerta con llave, pestillo y la mesa a modo de evitar que entrasen. Sabía que era absurdo. Pues si nos detectaban estabamos más que perdidos. Pero era lo único con lo que contaba y cuando uno hace lo que puede, no está obligado a más. Darius durmió acurrucado junto a mí y yo en un duermevela en el que cada ruido desconocido me hacía temer lo peor. Por suerte fue una noche sin sobresaltos y por la mañana pudimos reanudar nuestra marcha.
            Desayunemos rosquilletas y batido de vainilla que encontramos en la gasolinera. Comprobamos unas llaves que encontramos en un bolso en el despacho y resultó pertenecer a un Seat Ibiza color negro de cinco puertas. Llenemos el depósito y dos bidones de cinco litros de gasolina. Cogimos todo lo comestible y nos dirigimos hacia Valencia, a ver si teníamos suerte y encontrábamos a más gente, viva.
            Cerca ya de Alboraia, por la pequeña venecia, vimos una hoguera. Eso nos pareció muy extraño. ¿Por qué encender una hoguera? Si la ven los zombies acudirán. También podría ser para quemar restos humanos y que no "regresaran". Decidí acercarme allí con cautela. Quién sabe qué nos podíamos encontrar. Y para mi sorpresa, encontremos a cuatro niños jugando en la calle, dos hombres con armas en la mano y mujeres pelando lo que parecían patatas sin preocuparse de que una horda de muertos vivientes entrasen de improvisto.
            Paré el coche y bajé de él, Darius también bajó. Uno de los hombres miró hacia dentro y dijo algo. Las mujeres miraban hacia nosotros y los niños habían dejado sus juegos y habían corrido a refugiarse dentro de la "ciudadela", por qué eso era lo que parecía la pequeña venecia. En su forma de medialuna y con dos puertas que habían reforzado. Salieron tres hombres de dentro y se acercaron a nosotros.

         - Buenos días. Veo que todavía quedan "respirantes" por el mundo- el desconocido sonrió. Yo también, aunque no me hizo mucha gracia el calificativo que empleó para referirse a los vivos- sed bienvenidos. Espero que nos podáis contar algo del mundo. ¿De dónde venís?
          -De La Vall d'Uixó- contesté. Al ver que el hombre no se hubicaba continué- uno de los últimos pueblos al sur de Castellón.
          -Entonces no habéis viajado mucho.- negué con la cabeza- que pena. Aún así espero nos contéis vuestra historia. Es como una tradición que tenemos con los recién llegados. También lo és, que lo que traigáis lo compartáís con la comunidad.
             -Por supuesto- ya me lo había yo olido.

            Nos enseñaron los espacios. Tenían un pequeño embarcadero con varios tipos de barcas con los que salían a pescar. También había otra más grande más alejada con la que supimos que se encargaban de ir más lejos por la costa en busca de viandas. Había un McDonald's cerca, pero hacía tiempo que se había quedado con nada de alimentos. Habían abierto cada una de las puertas de los apartamentos del lugar y juntado el alimento en un bajo que hacía las veces de almacén y de punto de encuentro, por decirlo de algún modo. Éramos cuarenta y seis en total, contándonos a nosotros. Todo el terreno frente a la ciudadela era campo, y esperaban empezar a sembrar cuanto antes, algunas verduras ya empezaban a crecer. 
            Tras volver dos furgonetas cargadas hasta los topes de comida, contamos nuestra historia, que era bastante breve. Se nos asignó una habitación para los dos en una tercera planta de un bloque de pisos y pasamos a formar parte de la comunidad. Lo que vino después fue días de paz y días de guerra. El reencuentro con mi marido. Pero eso ya son más de mil palabras de las que puedo poner :P

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RELATO Nº16 MALDITO SEA TU NOMBRE por PROSERAGE  DE LA WEB  www.proserage.com 

Entró en el recibidor. Novísimo, pulcro, y con la seguridad típica de un edificio de oficinas.
¡Ah! No tan habitual. Notaba el control mágico sobre los agentes, que podía zombificarlos en minutos.
Nada más verle, comenzaron a transformarse. Atravesó el control de acceso y corrió por las escaleras, logrando subir varios pisos hasta cruzarse con algunos totalmente alterados. El veneno urticante en las balas de su semiautomática los dejó aullando en el suelo. El dolor era lo más rápido para romper el embrujo.
“Planta trece... Seguro que aquí se pone emocionante.”
No Los podía esquivar más. Lo que veía uno, lo veían todos. Pero se aprovecharía de su mente colmena. Mientras dejaba que se aproximaran, realizó una invocación.
Surgió como un círculo de llamas y, sólo con aparecer, detuvo el avance de los zombificados. Percibían su poder, y sus cerebros trastocados dudaban. Retrocedían ante el extraño fuego que no quemaba, pero inflingía dolor. El espíritu rodeó a su convocante, como un muro incandescente. En segundos se expandió, barriendo a los zombis de alrededor cuyos gritos bestiales cambiaron a alaridos humanos. Protegido así, el brujo reanudó su marcha.
Faltaban varios pisos y todavía encontraba zombis en el camino. Había despedido al ente, su magia era agotadora. Con sorpresa, se percató de que las luces... ¡Parpadeaban! El ritual estaba avanzando. ¡No llegaría corriendo! Debería arriesgarse con un ascensor.
“Al menos viajaré en primera ...”
Llamó a uno, e inició el conjuro más raro que conocía, la posesión de maquinaria. Con el control completo del ascensor, evitaría quedarse atrapado. Mientras, oía rugidos zombi cada vez más cerca.
Terminó, a tiempo para defenderse. Pateando y disparando, logró entrar en la cabina. Pulsó el último botón, sin dejar de apuntar su arma. Cuando el ascensor comenzó a subir, se apoyó contra la pared, cansado.
“Vamos, vamos...”
Era increíble, había llegado sin contratiempos. Con cuidado, oteó el entorno. No percibía nada, excepto una tremenda energía en el piso de arriba. No podía ser tan fácil ahora.
“Venga ya. ¿Sólo tienes esclavillos torpes? Qué decepción.”
De repente, los sintió. ¡Muertos resucitados! Súbitamente, manos cadavéricas reventaron las columnas que les emparedaban, haciendo saltar una miríada de cascotes. Pero se quedaron cerca de la puerta del nivel superior. No eran idiotas, era él quien quería pasar.
Les observó un instante. Sus carnes resecas estaban cubiertas por protecciones, y empuñaban una especie de katana. Volarles la cabeza no serviría, sólo destrozándoles el corazón los abatiría.
Miró en derredor suyo, buscando algo útil. ¡Ajá! ¡Una manguera contra incendios! Fue por ella despacio, los zombis vigilaban sus pasos. Al romper el cristal y apuntarles con la boca, se lanzaron por él. Abrió la válvula y, dirigiendo el chorro al revivido más cercano, convirtió el agua en un ariete de hielo, tirándolo por una ventana.
El segundo esquivó el chorro y saltó hacia él, obligándolo a tirar la manguera y la pistola.
Empuñando su cuchillo militar, desvió por poco el primer mandoble y bloqueó el segundo. Un tremendo puñetazo del zombi le hizo trastabillar, pero así pudo sacar su revólver. El primer disparo, en la rodilla, y el monstruo perdió el equilibrio. Otro le arrancó la pierna de cuajo, y el chamán se le echó encima.
¡Forcejeaban! ¡Rodaban! Era una confusión de extremidades y filos danzantes. Finalmente, y tras recibir buenos cortes, pudo desarmarlo y arrancarle el peto. Tres balazos al corazón después, se incorporó, dolorido por demasiadas partes. Sólo unas puertas macizas, protegidas por magia, bloqueaban su paso.
Con su sangre, dibujó un pentagrama sobre ellas. Esa mágica figura multiplicó el efecto de su patada, reventando la madera. Las astillas volaron hacia el interior, y subió fatigado las escaleras que llevaban a la sala de la invocación.
Era enorme, sin columnas o tabiques, un considerable espacio enmarcado por grandes ventanales. Tras un altar, la hechicera le perforaba con la mirada. Hermosa, radiante, elegante, y con un extraño tocado, era toda una visión.
     -Llegas tarde, brujillo. -La mujer le sonrió despectivamente. -El ritual hace rato que terminó, y el Maestro está muy cerca...
La bruja miró al techo, hacia una extraña condensación vaporosa. Proyectaba un rayo de luz sobre un joven hipnotizado. Mierda, se había dejado su 9mm. Y sólo tenía una bala en el revólver, sin tiempo para recargar. Además, un muro mágico resguardaba al muchacho.
“¿Protegerá contra caídas...?”
Con una sonrisa maquiavélica, extendió su mano izquierda hacia arriba, como si fuera una garra. Musitó su conjuro y simuló tirar hacia abajo. Crujiendo, el suelo bajo el muchacho se hundió con estrépito, desplomándose al piso inferior.
     -¡No! ¡NO! -La bruja palideció, y levantó a una mujer joven del suelo. La agitó desesperada.
      -¡Llámalos otra vez! ¡Que lo detengan!
Mientras, el haz buscaba otro objetivo frenéticamente.
     -Mi señora... no... -¡Tenía una discípula! ¡Así había podido controlar a los zombis y hacer el ritual simultáneamente! La aprendiz cayó de rodillas, agotada, justo cuando la luz enfocaba hacia donde estaba.
Rayos multicolor rodearon a la joven y un tremendo restallido tiró de espaldas a ambos hechiceros, reventando los cristales de la gran estancia. Bokor, el ser de nombre maldito, había poseído a la joven. Su voz sobrenatural llenaba el lugar.
     -¡CHAMÁN! ¡Has perdido tu oportunidad! - Miró a la bruja -Prescindo de tu servidumbre, criatura lamentable. ¿Creíste que venía a iluminar a la humanidad? Verás como la someto a mi voluntad... ¡Gracias a TÍ!
En un fogonazo, la poseída desapareció. El brujo se incorporó y fue hacia la hechicera. Vio su rostro, retorcido de confusión. Bokor había roto su influjo sobre ella, ya no era su zombi.
     -No te aflijas, no ha muerto nadie -. El chamán la abrazó fuerte. -Todavía puedes redimirte.
      -Yo... no puedo... -Comenzó a balbucear ella.
     -¡Sin chistar! Tu penitencia será ayudarme a cazar a ese cabrón. -La cogió en brazos y se largó de allí rápido. Del desastre que se encargara la policía... Ya tendría bastante con evitar la guerra que Bokor quería desatar.
      
“Y el héroe salva a la pobre chica... malvada. Vaya día.”

8 comentarios:

  1. Bueno, tres relatos más muy originales y que adaptan al personaje del zombie de manera nueva y entretenida.

    Suerte a todos!!

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  2. Hola a tod@s! Aprovecho que es domingo y el hueco que he pillado para leer todo de un tirón. Madre mía, si es que no hay tiempo a veces ni para respirar!
    Estoy impresionado con todos los trabajos. No pienso desprestigiar ninguno porque el simple hecho de haber participado ya merece premio, de verdad. Me encanta ver gente así interesada por la escritura.
    Os felicito a tod@s porque son geniales! aunque claro! uno hay que votar, no? jeje
    Sergio e Irene, me alegra haberos visto no sólo por aquí, sino haber leído vuestros relatos.
    Como me ponga a comentar el relato de cada cual, me da el límite de caracteres! jejeje Pero en serio, hay un grandísimo nivel y sin duda será muy complicado decantarse por sólo uno.
    No diré que gane el mejor porque todos los que han participado ya lo son.
    Saludos y suerte!

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  3. Rodrigo, madre mía que cruel y que abrupto que es este relato, pero cuanto de razón tiene, porque los humanos (o al menos ciertos de ellos) en esas mismas situaciones no dudarían en vender su alma y el de los que mas quieren por salvar su vida, y abandonar a una chica y a tu propio hijo entra dentro de esa descripción, abrumador. Me ha gustado mucho, y espero tengas suerte en el concurso, feliz inicio de semana.

    Ayda, muy turbador este diario que te has calzado, magníficamente escrito y lleno de veracidad, y si, con mil palabras se puede contar poco, pero tu lo has contado perfectamente, aunque no te negaré que ahora me dejaste con la intriga de cómo seria el reencuentro con el marido. Suerte en el concurso y un beso guapa, que pases un feliz inicio de semana.

    Proserage, por favor que peazo de relato, mira que mezcla mas explosiva, zombis, cazadores, exterminadores, magia, poderes, aprendices y damiselas en apuros, pues creo que me has causado un aneurisma del puro placer de leerte, jajaja. Jo, es que no tengo palabras, fantástico nene, sabía que no me defraudarías, como te dije una vez, este relato es COJONUDO, jeje. Te deseo toda la suerte del mundo en el concurso y que pases una muy buena semana, un beso guapo.

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  4. UFFF esto va a estar reñidisimo!!!! :D

    Gracias Irene por tu comentario ^^

    Va a ser las Olimpiadas Zombies éstas. Tengo los pelillos de punta con los relatos. ¡¡Y cómo darían de sí si en vez de mil fuesen dosmil :P!!

    Suerte a todos ^^

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  5. Como nota decir que mi relato es el 14, pero el siguiente marca 16, debería ser el 15.
    Un saludo :P

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  6. Me quedé de piedra con estos tres relatos.
    Todos ellos más que zombistícos e increíbles:D


    Ya no sé que haré a la hora de votar.

    Maravillosos los tres:D

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  7. De nuevo a comentar.

    Rodrigo tu relato me gusto mucho, lo leí poco a poco y a medida de que lo hacia intuí (por el nombre del relato) un final opuesto al que tubo. El papá es =(/(%$R/ sin corazón, se estará muy asustado pero lo que hizo no tiene nombre. En fin escribes bien y tubo un final impactante (que creo es lo que se quiere, a parte de entretener)

    Ayda, el tuyo me encanto nena. Me pareció en cierta forma esperanzador. Además de que me dejo con la miel en los labios porque se, que se le podría sacar más provecho y continuar el relato. Con pocas palabras nos has descrito algo maravilloso. Éxito.

    Proserage, el tuyo me gusto muchísimo. Como bien dice Irene tuvo de todo, me gusto, fue rápido, de trama frenética y que te deja con los ojos pegados al monitos para estar atento de cada palabras. Increíble…

    Éxitos a todos…

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GRACIAS POR COMENTAR Y EXPANDIR EL VIRUS