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El influjo de Talía (Rafael Nebrera)


El influjo de Talía es una novela que forma parte de un blog que lleva el mismo nombre y cuyo autor es Rafael   Nebrera. En Infectados publicaremos la novela que Rafael nos ha autorizado muy amablemente a dar a conocer desde nuestro blog, y hoy empezamos con este primer capítulo. En este enlace también tenéis el prefacio y otros capítulos actualizados. Esperemos que disfrutéis con la lectura y opinéis. ENLACE 
También hay que destacar que Rafael Nebrera es autor de  Manual para el perfecto Gaznápiro y que tenéis a la venta en El corte inglés, casa del libro y en (Luarna formato ebook)

El influjo de Talía

Capítulo I

¿Hay alguien por ahí?

        -¿Hay alguien por ahí? – articuló las palabras con recelo, sin saber siquiera si iba a ser capaz de hacerlo de nuevo. Sorprendido ante su nueva condición.
          -Grli, arrghli – respondió una voz quebrada.
Un pum, seguido de un ligero chof se escuchó también cercano – ¡Hostias! Se me ha abollado el cráneo.
         - ¿Hola, holaa? Yo tengo las piernas entumecidas – dijo una voz femenina en esta ocasión.
         - Estás muerta, ¿cómo no vas a tener las piernas entumecidas? – dijo el primero de ellos, que respondía al nombre de Chris.
          -Grla, grla, grlagrlaaarghhh – se rió la segunda voz. Reírse con apenas media mandíbula parecía francamente complicado.
         - Pues yo no tenía la cabeza abollada.
          -No haberte levantado y no te habrías dado con el ataúd – dijo Chris.
          -A mí me han enterrado viva, yo no puedo estar muerta – dijo en esta ocasión la femenina voz de Karen y comenzó a gritar – ¡Socorro! ¡Sáquenme de aquí! – mientras golpeaba frenéticamente y se removía en su tumba – ¡Estoy viva!
Sobre el suelo apenas si se movía ligeramente la tierra totalmente compactada impidiendo, además, escapar sonido alguno. Mientras tanto, bajo tierra, la suerte de cavidades de gusanos, lombrices e insectos en general permitía la comunicación.
        - No estás viva. Estás no-muerta  – aseveró Chris – Pero ahora de lo que deberíamos preocuparnos es de cómo salir al exterior – además si estuvieras viva percibiríamos tu cerebro y nos lo querríamos comer.
          -¡Grli! Glgreglroy Glalglueldo.
         -Yo no quiero comer cerebros – dijo Karen.
         - Es inevitable, encanto, los no-muertos comen cerebros, es ley de no-vida.
          -Dejaos de cháchara y vamos a salir de aquí – dijo la voz de cabeza abollada.
          -¡Grli!
         - ¿Eso es un sí?
         - ¡Grli!, gclagrglo gquleg eg ug grli.
Todos callaron y comenzaron a arañar sus correspondientes tumbas. Karen escarbaba con cierta destreza y lentamente desprendía la madera húmeda en forma de astillas de su caja, las lluvias de la semana anterior facilitaban la tarea. En el exterior todo era quietud aparente, salvo por la pareja de incautos que habían decidido escoger el cementerio como picadero. No tardó demasiado en llenarse de vaho el coche en el que habían llegado.
         - No sé Terry… No es el mejor sitio para hacerlo, un cementerio – decía Mary a su novio mientras éste luchaba con el cierre de su sostén.
          -Pues yo creo que es el mejor sitio posible, oscuro, sin mirones – mascullaba Terry mientras degustaba la miel de los pechos de su nueva novia.
          -Yo sigo sin estar cómoda – aseguraba ella a la vez que se quitaba el tanga rápidamente y buscaba la virilidad de Terry con la mano sobrante, para encontrarla con cierta agilidad.
Fuera ya asomaba la mano medio descompuesta de Chris que había sido el más rápido en deshacerse de toda la tierra necesaria para poder escalar a la superficie.
          -Ponte encima de mí – decía Terry jadeando y Mary obedecía lanzando diestramente el asiento hacia delante para ganarse más espacio en la parte posterior – Oh sí nena, así lo haces muy bien. Sigue…
A Mary se le daba muy bien dar placer a un hombre, llevaba haciéndolo desde los dieciséis años y a sus veinte primaveras se consideraba toda una experta en el placer masculino. Entre otros se había cepillado a jugadores de football, a vecinos, a vecinos maduritos casados, a los hijos de sus vecinos maduritos casados, a los profesores de los hijos de sus vecinos maduritos casados, a principiantes, a expertos que parecían principiantes… En definitiva, a prácticamente todo homínido bípedo de la villa. Terry era el primero del pueblo colindante y el duodécimo que se tiraba en el cementerio, aunque le gustaba guardar las apariencias.
         - ¿Qué es eso? – preguntó ingenuo.
          -¿No has visto nunca uno de estos? – respondió Mary con su vibrador en la mano.
         - Bueno… sí, pero para qué lo quieres… ¡uooo! ¡Yo también puedo hacerte cositas por ahí!
         - Sí pero no a la vez en los dos sitios amor – respondió Mary con un gesto de complicidad y un guiño picante.
Terry no creía la suerte que tenía. Tras la ruptura con Susan pensó que el mundo se le echaba encima, que nunca encontraría un nuevo amor y una semana después conoció en la cafetería de su padre a Mary, toda dulzura, elegancia y sensualidad; y ahora encima descubría que era un verdadero huracán sexualmente. Apenas si podía creerlo.

         - ¿Qué es ese sonido? – preguntó Karen que ya asomaba la cabeza justo debajo del coche.
         - Una pareja echando un polvo – aseguró Chris cuya cabeza estaba dos metros más allá y tenía cierta perspectiva del vehículo empañado y que acompañaba con un movimiento constante los gemidos violentos de Mary.
La cabeza abollada de cabeza abollada asomó en ese mismo instante – ¿Una pareja fornicando? – el ruido de los amortiguadores y los jadeos de Mary no dejaban lugar a la duda – No se me ocurre mejor aparición desde el inframundo que comiéndonos a dos jovencitos en pelotas. Los cogeremos por sorpresa.
          -La verdad es que mucha hambre no tengo – dijo Chris mientras asomaba la mandíbula colgante de la segunda voz que pareció ser un rostro cadavérico, con apenas un fina capa de piel sobre el cráneo. Era sin duda el que en peor estado estaba.
          -Glarh, gloyg agli.
          -Yo tampoco tengo hambre – respondió Karen señalando al recién aparecido – y viendo a este menos todavía.
         - Somos zombies, debemos comer humanos. Eso dice la tradición.
          -Tú también eres humano.
          -¡Esglo! ¡Blieng dlichgo!
          -No, fui humano. ¡¡Vamos a comer cerebros!! – dijo resolutivo cabeza abollada mientras Chris no intervenía en la conversación. Todos comenzaron a cavar de nuevo, con más insistencia.
La determinación de cabeza abollada no dejaba lugar a una segunda alternativa. La no-vida era así, todos lo sabían. Los zombies comen cerebros, los zombies persiguen a los humanos, los zombies muerden a los humanos consiguiendo que estos se conviertan en nuevos zombies… Todas son verdades universalmente conocidas.

          -Después de comernos a estos dos podríamos ir a Ikea – Dijo Chris que caía en la cuenta de que le apetecía tener un sofá aunque no supiera donde lo podría poner.
Cabeza abollada miró con cara de desconcierto (toda la cara de desconcierto que un no-muerto puede poner es algo parecido a un gesto de padecer estreñimiento) – Vaya gilipollez.
          -Yo he “leído” en algún lado que a los zombies también les gustan los muebles prefabricados suecos – respondió de nuevo Chris.
          -A mí también me suena – dijo Karen.
         - ¡Joder! – aceptó cabeza abollada – Está bien, pero iremos a comer más cerebros.
Gluglu no dijo nada, bastante tenía con intentar no perder ninguna parte de su anatomía mientras desplazaba la tierra para salir, aunque a decir verdad lo de los muebles suecos le parecía una idea cojonuda, para poder tumbarse un rato en algún lado, que la caja de madera le había dejado la espalda hecha polvo literalmente. Al cabo de unos minutos todos estaban fuera y gracias a la envolvente oscuridad ni siquiera desde el coche se les adivinaba.
         - ¡Vaya nena! ¡Qué bien te conservas! – exclamó Chris. Karen llevaba un elegante conjunto de chaqueta ejecutiva, camisa y pantalón. Al parecer no hacía demasiado que había muerto pues aún se le podía ver los restos de maquillaje sobre la piel pútrida. Todavía olía ligeramente a la fragancia de su perfume con ligeras notas a cloaca que le daba un aire muy sofisticado y atractivo, al menos a los no-ojos y al no-olfato del resto del grupo.
          -¡Flirrruuuffgliuuuuuu! – dijo Gluglu en un intentó de silbar que lanzó uno de los dientes que le quedaban contra la ventanilla trasera del coche.
          -¡Mierda! – dijo cabeza abollada – ¡Escondeos!
Esconderse, lo que se entiende por esconderse realmente no lo hicieron. En realidad se limitaron a dejarse caer en el blando suelo esperando no ser vistos en la oscuridad reinante, al menos tres de ellos. Gluglu se quedó inmóvil, aterrorizado, en pie.
         - ¡Agáchate boca-chancla! – dijo cabeza abollada mientras los otros tres reptaban buscando escondite tras algún árbol. Mientras la ventanilla de uno de los cristales traseros bajaba para dejar que se asomara la cabeza de Terry.
          -¿Quién hay? – preguntó Mary en medio susurro.
          -¿Quién está ahí? – dijo entonces Terry en una voz más alta y con aparente dominio de la situación.

         - ¡Miaauuu! – dijo Chris mientras el chico del coche daba cuenta de que había una especie de esqueleto en medio del cementerio, totalmente inmóvil. Rápidamente bajó la ventanilla.
          -¿Qué pasa, qué pasa? – dijo Mary nerviosa con la piel perlada y brillante. Totalmente desnuda.
          -Algún gilipollas nos está gastando una broma – dijo él fingiendo entereza – hay una especie de esqueleto en medio del cementerio parado. Alguien ha debido ponerlo ahí y después tirarnos una piedra o algo a la ventanilla. A Mary le picó la curiosidad, bueno lo que ella llamaba curiosidad era cierta parte que cobijaba entres sus piernas, lo llamaba curiosidad precisamente por la abundancia de picores que tenia a menudo.

          -¿Para qué imitas a un gato? – recriminó Karen.
          -Es lo que hacían en las películas y funcionaba.
         - ¡Callaos! – dijo cabeza-chata – Parece que salen.
          -¡Démosles una alegría! – dijo Mary resolutiva en el coche abriendo la puerta. De los polvos que había echado en un cementerio dos habían sido con mirones, pero ninguno fuera del coche. Cogió a Terry y lo llevó fuera.


Mary salió del coche con cierto porte altivo mientras la turgencia de sus curvas se balanceaba al compás de su paso, a la vez su curiosidad se humedecía por lo excitante de la situación. La virilidad de Terry sin embargo no parecía estar en sus mejores horas y acompañaba a su nueva novia con un miedo atroz, aunque un polvo era un polvo a fin de cuentas y no supo decir que no.
Ella tomó el control como solía en todas sus relaciones tumbando a su chico sobre el capó del coche, él no puso oposición alguna mientras ella comenzaba a jugar con sus labios y lengua por zonas que no tardaron en reaccionar.
La sardina de Terry pronto pareció un vigoroso atún y Mary, feliz ante una nueva demostración de sus artes, lo devoraba utilizando todo su repertorio de muecas y caras de sensualidad manifiesta o de putilla de tres al cuarto, que venían a ser lo mismo.
          -Porque se me pudrió el pito, que si no me hacia un pajote – aseguró cabeza-chata.
          -Qué ordinario – replicó Karen – que notaba como sus no-pezones se erguían lentamente.
          -Pues ganas de comerme su cerebro no tengo, la verdad – comenzó Chris – pero de cepillármela bastantes.
Gluglu aguantaba, estoico, sin mover músculo o hueso alguno salvo por un pequeño vibrar por encima de sus hombros. A decir verdad era un movimiento involuntario, de esos que sólo aparecen inconscientemente en el ser humano ante el frío o ante el pánico absoluto. En condiciones normales; 37 grados de temperatura corporal y con toda la mandíbula completa, debían haber producido un leve castañeteo de dientes, pero en el caso de Gluglu produjo algo bien distinto…
          -¿Te gusta eh? – le decía Mary a su novio mientras este estiraba las piernas en el último instante previo al orgasmo.
          -Uffff…
         - ¡Mgmielda! – dijo el esqueleto.
         - ¡Hostias, ha hablado! – dijo Terry mientras eyaculaba poderosamente.
          -¿Qué? – respondió Mary mientras el disparo le atizaba en la cabeza y en ambos ojos, cegándola temporalmente.
          -Gmli gmlandlibulag – respondió el zombie mientras buscaba donde había ido a caer su mandíbula entre el lecho de hojas que cubría sus pies.
          -¡Ahora! – gritó cabeza abollada desde detrás del árbol, y tres cadáveres extremadamente ágiles y rápidos se abalanzaron con las bocas abiertas hacia los dos jóvenes.

La aparición fue memorable. El pánico se podía leer en los ojos de Terry que apenas si lograba coordinar algún movimiento. Mary seguía sin embargo con su juego de muecas y expresión sobreactuada pensando que algún amigo de su novio estaría gastándoles una broma, y que quizá estuviera grabando la escena, íncluso, en el mejor de los escenarios posibles, lo estaría grabando, lo terminaría colgando en internet y la terminarían llamando de cientos de lugares para protagonizar escenas similares. Así, apuraba todo lo que había recibido con los dedos y se acariciaba al mismo tiempo. Rápidamente Karen, con sus áun elegantes ademanes, Chris con su barriga lacerada y cabeza chata con su cabeza chata se abalanzaron sobre la pareja. La más rapida fue Karen que se lanzó sobre el cerebro de la sensual Mary.
A los no-muertos se les presupone una fuerza descomunal en todo tipo de leyendas, y como tal deberian ser capaces de abrir el cráneo de un ser humano de un solo bocado. O eso al menos presuponía Karen.
         - ¡¡Auch!! – dijo la muerta.
          -¡¡Auch!! – dijo la viva.
          -¡Gla glencontlge! – dijo gluglu.
          -¡Me he partido un diente! – exclamó Karen dirigiéndose a cabeza abollada que tenía prisionero al tembloroso Terry – Y además tengo la porquería de este imbécil en la boca – Terry no pensaba que la primera experiencia de su vida en la que su semilla llegara a dos mujeres a la vez sería de ese modo.
        - Aprieta más fuerte – dijo cabeza chata.
          -¡Y una mierda! No quiero acabar como aquel.
         - ¿Clomo Glien? – se ofendió Gluglu.
          -La verdad es que sigo sin tener ganas de comer cerebros – aseguró Chris – No es por ofender.
         - ¡No me jodáis! ¡Sabéis que es lo que debemos hacer!
         - Lo mismo no – respondió Terry con un hilillo de voz que tuvo por respuesta un golpe seco en la cara que provenía de la mano de Cabeza-chata.
          -¿Puedo opinaaaaarrrr? – dijo Mary dejando el final de su frase en un infinito gemido que nadie supo identificar hasta ver a Chris a su espalda.
         - Primero me la follo y después hablamos de su cerebro.


Nada pudieron hacer los demás. Karen sujetó por las muñecas a su víctima aunque a decir verdad no hacía mucha falta puesto que no prestaba resistencia alguna. Terry miraba atónito como un cadaver obeso, con pútridos cortes por doquier tomaba a su novia y ésta lo disfrutaba pidiendo que la embistiera una y otra vez. Afortunadamente no pasó demasiado tiempo, aunque el suficiente para escuchar frases de dolorosa sinceridad: “oh si llévame al mundo de los muertos con tu vigoroso rabo podrido”, “sigue penetrándome señor tenebroso”  “si llego a saber como follan los muertos me habría ido a vivir a una cripta” o “el forniqueo zombie es lo más”
Para cuando acabaron Mary sentía un ardor en su sexo todavía mayor que el que había sentido en toda su vida. Sus ojos estaban cubiertos por un gris traslúcido que inspiraba cierto respeto cuanto menos, y su boca salivaba más de la cuenta. Todo con los restos de semen de su ex-novio por el pelo y la cara.
          -¡Sujetadlo! – ordenó no-Mary.
          -¿Qué vas a hacer cariño? – dijo Terry mientras ella comenzó a acariciarlo con ese tacto frío que comenzó por erizar el vello de su ex, y que pronto hizo que este se excitara de nuevo.
A Terry lo tomaron Mary y Karen consecutivamente, y al acabar su mirada también reflejaba ese ardor infernal que todos atesoraban. Tanto Terry como Mary se erigieron como líderes temporales en el grupo al conservarse en un estado evidentemente mejor, amén de que todo lo que Cabeza-chata aseguraba saber de no-muertos parecía totalmente fuera de lugar o, cuanto menos, no aplicable a ellos mismos. El interés por los cerebros desapareció y nadie volvió a hablar de ello. Ikea, sin embargo, era un lugar apetecible para todos.
         - En el coche no cabemos todos  – dijo Terry – nos podrían multar.
         - Karen y yo iremos en autobus – dijo Chris y nadie rechistó – Deberíamos ir para cuando abran que sino hay siempre mucha gente – apenas faltaban dos horas para la apertura.
Tras maquillarse con el set de batalla de Mary y arreglarse con alguna ropa que les prestaron para tapar heridas y podredumbre ambos marcharon a la parada más cercana.
Rafael Nebrera

3 comentarios:

  1. Gracias por la publicación. Un placer compartir mi nuevo trabajo para una comunidad como la vuestra, que por temática encaja aunque un poco ácida como veréis jejeje.

    Sólo un apunte, es Rafael Nebrera, pero no pasa nada.

    Mil gracias de todo corazón, espero que os guste la novela según vaya avanzando.

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  2. Ya está corregido. Y muchas gracias a ti, por compartir tu novela :)

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