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Madri-Z 2012 por Jose María García García


Madri-Z 2012 (Jose María García García)
Madri-z es una novela corta escrita por un amante del género zombi y escrita por pura diversión para otros seguidores del género. La idea original era crear algo similar a “Resident Evil” localizado en España. 
La historia transcurre en Madrid, con una mezcla de personajes realistas y algunos estereotipos. 
Todo comienza con AVG, un agente especial intentando detener a unos terroristas, que sin saberlo, liberan un agente que comienza a hacer mutar a la gente. Otra agente especial contacta con él y le informa de que su misión ha cambiado. Ambos deberán buscar supervivientes que han demostrado resistencia al mutágeno para ponerlos a salvo.
Aquí os dejamos el primer capítulo que nos ha hecho llegar el autor.


Primer capítulo
De Orcasita-z a San Fermín

-¡Maldita sea! ¡He llegado tarde! –Dijo el agente especial AVG al ver a un grupo de enmascarados que salían corriendo de un laboratorio de biotecnología.
Se puso a perseguirlos por las instalaciones, pero al ver que no podía alcanzarlos, sacó su pistola y disparó a uno de ellos en una pierna para que tropezara. Cuando cayó saltó sobre él y le golpeó la cara contra el suelo para aturdirle.
-¡Hay que escapar! ¡Todo va a explotar! –Dijo aterrado.
-¡Maldita sea! –Se quejó el agente, que se echó al enmascarado a hombros y se dirigió a la salida.
Gracias a su entrenamiento y a los complementos vitamínicos que tomaba, apenas notaba los setenta kilos que llevaba a cuestas y podía correr sin problemas. Al salir del edificio vio una furgoneta negra que se marchaba a toda velocidad.
-Parece que te han abandonado.
-Tenemos que alejarnos más, por lo menos quinientos metros.
El agente se acercó el reloj a la cara y pulsó un botón.
-¡Central! ¡Agente “a-uve-ge”! ¡Explosión!, destino, mi posición, localizar, furgoneta negra, radio, un kilómetro.
-Identidad confirmada. Mensaje recibido. Fin de la comunicación.–Dijo una voz artificial que salió de su reloj.
AVG cogió al prisionero y lo llevó hasta su coche, un modelo experimental que guardaba similitud con los turismos más vendidos de España en los últimos años. Después lo sentó en el asiento de copiloto, pulsó un botón que hizo salir un cinturón de seguridad especial con varias correas y lo dejó inmovilizado. Puso su mano en el volante y en la llave en el contacto. Espero unos segundos para que el mecanismo de seguridad le reconociera y el coche se puso en marcha de forma automática, haciendo rugir un motor más propio de un coche de carreras que de un utilitario. Nada más arrancar, escuchó un ruido que provenía del edificio que acababa de abandonar. En los cinco segundos que tardó en ponerse a cien kilómetros por hora, vio por el retrovisor cómo se pro8ducía la explosión, que con su onda expansiva empujó al coche haciendo que perdiera el control y se chocara de lado contra un muro.
Los airbags cumplieron con su cometido, salvando la vida al agente y a su prisionero, pero ambos se quedaron inconscientes por el golpe.
Pasaron unas cinco horas hasta que alguien les despertó. Durante ese tiempo, un vapor de color rojo se expandió por la zona y se disipó como humo de tabaco.
-¡Despierta! –Dijo una mujer que llevaba un traje de infiltración algo holgado, con refuerzos en las articulaciones y chaleco antibalas. Llevaba pasamontañas, casco y unas gafas opacas. Era muy similar al que llevaba AVG y tenía el mismo dibujo de un águila en los hombros y en el lado izquierdo del chaleco.
-¿Qué ha pasado?, ¿quién eres? –Dijo AVG aturdido.
-Tengo la misión de rescatarte.
-¿Han capturado a los de la furgoneta negra?
-Sí, gracias a tu aviso. Se ha producido una alerta de tipo zeta. Ahora déjame que te haga un reconocimiento para comprobar que no tienes nada grave.
-¿Qué es una alerta zeta? –Preguntó el enmascarado.
-Pues es lo que pasa cuando se vuelan unos laboratorios sin tener ni idea de lo que hay dentro. –Dijo la agente.
-¿Zeta de zombi? –Dijo AVG extrañado mientras se quitaba las gafas.
-¡No me jodas! –Exclamó el enmascarado.
-Lo siento, pero no eres mi tipo. –Dijo la agente. –Y tú podrías ser más discreto.
AVG se quitó el pasamontañas y dirigió su vista borrosa a la agente mientras intentaba poner cara de interesante.
-¿Y yo?, ¿soy tu tipo?
-¡No hay tiempo para tonterías! ¡Sal de una vez!
AVG hizo un gesto de asentimiento y salió del coche con mucha calma para hacer enfadar a la agente, que puso los brazos en jarra al ver su actitud. Una vez que fuera, la agente le examinó los ojos con una pequeña linterna que sacó del bolsillo, después le tomó las pulsaciones y una muestra de sangre con un aparato similar al que se utiliza para medir el azúcar a los diabéticos, con más indicadores.
Tras unos instantes de tensión, respiró aliviada al ver los resultados. Después se fue hasta el prisionero y repitió las mismas pruebas.
El agente especial se quedó mirando hacia la zona de la explosión, que estaba totalmente arrasada. Después miró a su alrededor y le sorprendió ver coches aparcados en aceras y en medio de la calle. Se quedó mirando a un grupo de personas que estaban agachadas en el suelo, como si estuvieran buscando algo. Se restregó los ojos para aclararse la vista y vio lo que pasaba en realidad. Gente que tenía la piel pálida con un tono violáceo estaba arrancando la carne de otras personas a bocados, como si fueran bestias carroñeras.
-Entonces ¿toda esa gente son zombis?
-Más o menos. Revisa tus armas y asegúrate de llevar suficiente munición. Estos gilipollas no saben la que han montado.
-¡Eh!, ¡no me insultes!, nosotros sólo queríamos protestar contra la manipulación genética. Si supieras lo que hacían en ese centro se te pondrían los pelos de punta.
-Lo sé mejor que tú terrorista de mierda. Si hubierais sabido lo que había ahí dentro no la habríais jodido, pero no, como pensáis que sois los únicos que tenéis conciencia os creéis que podéis ir reventando
laboratorios sin pensar en las consecuencias. –Después de estas palabras la agente sacó su pistola y le pegó un tiro en la cabeza.
-¡Qué haces!, ¡era mi prisionero! ¡mío! ¿lo entiendes?
-Estaba infectado. –Dijo la agente mostrando a AVG el aparato con el resultado de la prueba de sangre. –Además era prescindible, el jefe del grupo terrorista estaba en la furgoneta que capturamos.
El disparo alertó a los infectados, que comenzaron a aullar y fijaron sus ojos en los dos agentes.
-Ahí vienen. ¿Estás bien?
-Aún estoy un poco aturdido y me cuesta fijar la vista, pero creo que podré hacer unos cuantos tiros buenos.
-Eso espero. Apunta a la cabeza. Varias decenas de zombis se dirigían hacia ellos, unos iban más rápido que otros, algunos caminaban con cierta normalidad y otros 10 se movían con los brazos extendidos y arrastrando los pies como si no vieran nada. La agente disparó las catorce balas que le quedaban en el cargador, que acabaron en las cabezas de catorce infectados.
AVG le miró sorprendido por su gran puntería y le hizo un repaso a su silueta, que parecía bastante voluptuosa a pesar del holgado uniforme que llevaba.
-Estos todavía no han aprendido a correr, tenemos suerte.
-¿Qué quieres decir?
-Nada, ya lo verás y dispara de una vez.
En apenas un minuto acabaron con unos cincuenta zombis y los dos respiraron hondo.
-Ahora tenemos que encontrar un vehículo adecuado.
-No habrá problema, esto está lleno de coches.
-Con un coche no podremos movernos con seguridad y lo más probable es que nos quedemos atascados en una zona llena de infectados. Necesitamos un todo terreno o algo con más movilidad.
-Conozco un concesionario de todo terrenos en San Fermín, está a menos de media hora andando.
-Pues vamos allá.
-Un momento, ¿cuál es tu nombre?
-Si ya lo dice mi madre que no quedan hombres... ¿no sería más correcto que te presentaras tú primero?
-Está bien. Permítame presentarme seño... –AVG hizo una parada y un gesto para que la chica le dijera su estado civil.
-Agente.
-Pues agente, mi nombre es “auvegé”. –Dijo resignado.
-¡Qué mal suena!
-Todo el mundo me llama “auve”, suena a coche deportivo.
-Está bien, “auvegé ja dejé”. –Dijo la agente con sorna.
-Bueno, pues ahora le toca presentarse a usted.
-Mi nombre clave es “e-uve-eme”, pero todo el mundo lo pronuncia “ivem”.
-Entonces te llamaré “ibe-eme”.
-¡Buf!, ¿no serás de “fuenla”?
-¡No me digas que tú también eres de los “madriles”! –Dijo 11 Auve muy alegre.
-Pues sí, pero eso no importa ahora. Voy a coger una de esas motos. Tú cubre la retaguardia.
-A la orden. –Auve se sonrió.
Ivem levantó una moto de setecientos cincuenta centímetros cúbicos que estaba tirada en el suelo con las llaves puestas. La arrancó y después invitó a Auve a que subiera detrás de ella.
-Mantén la distancia si quieres seguir conservando tu masculinidad.
–Dijo muy seria. –¿Dónde está el concesionario?
-Cerca de la entrada al polígono de San Fermín, en la glorieta de San Martín de la Vega.
-Vale, ya sé donde está. Tendremos que atravesar la avenida de Andalucía que seguramente estará plagada de coches y de infectados. Sujétate bien a la parte de atrás y mantén la distancia como si fuera un tío gordo, peludo, sudoroso y descamisado.
-Está bien, lo he captado, tranquila, ¡joder!
Ivem probó la potencia de la moto con una arrancada bastante fuerte que obligó a Auve a sujetarse fuerte a la moto para no caerse. Al llegar a una rotonda, pararon para socorrer a una mujer de aspecto bastante demacrado que estaba subida a un semáforo. Desde allí estaba insultando a tres zombis que le estaban acechando.
-Es una civil, debemos rescatarla. –Dijo Ivem.
-Pero si es una yonqui.
-Mi primer objetivo era rescatarte a ti, y una vez cumplido, tengo que rescatar a todos los civiles que sea posible. Como has fracasado en tu misión de evitar el atentado, salvar civiles se convertirá en tu prioridad hasta nueva orden.
-¿Fracasado? Para haberlos detenido habría necesitado conocer la ubicación del laboratorio más de media hora antes. ¡Alguien de la central la cagó! –Dijo muy indignado.
-Tus lloros no sirven de nada en este momento. Acepta tus fracasos y aprende de ellos. Por cierto, soy una agente de tres estrellas, así que ahora estás bajo mi mando. Tenlo en cuenta cuando te dirijas a mí en el futuro.
-Muy bien, pues entonces a la orden. –Auve se quedó bastante molesto.
-Vigila el perímetro. Yo me encargo de la chica.
-A la orden. –Dijo Auve con sorna.
Ivem se sonrió por la indignación que le provocó escuchar aquel tono de voz, pero hizo como si nada y se dirigió hacia un grupo de tres zombis. Cuando estaba a unos cuatro metros de ellos, silbó para llamar su atención y cuando se dieron la vuelta acabó con ellos de tres certeros disparos a la cabeza. La chica bajó del semáforo.
-Gracias tía, te debo la vida. Eres mi amiga. Esos “hijoputas” querían comerme viva. El moreno “guapete” era mi novio pero de pronto le dio un jamacuco raro y me quería comer el muy cabrón. –Dijo la chica con una forma de hablar parsimoniosa que tenía un punto gangoso.
-Me alegro de que estés bien. Ahora tendrás que venir con nosotros si quieres seguir con vida.
-¡Y una mierda! ¡No me fío de los “maderos”! Seguro que me lleváis a un sitio para comerme o para hacerme pruebas como a una puta rata blanca de esas que salen por la tele. Como te acerques a mí te rajo mala puta. –La chica sacó una navaja y hacía movimientos amenazantes.
Auve comenzó a reírse a carcajadas, al oírle, Ivem le lanzó una mirada de odio a través de sus gafas y después se giró hacia la chica, que había salido corriendo.
-¡Joder! –Exclamó la agente, que suspiró, miró unos segundos al suelo y salió corriendo tras ella. –¡Vuelve aquí o disparo!
-¡A ver si me coges puta!
De pronto, a lo lejos, por la avenida de Andalucía desde el norte se veía a cientos de zombis que avanzaban como si formaran una marea de muerte. La chica se quedó mirando unos instantes y dio la vuelta. Ivem volvió a montarse en la moto haciendo un gesto con la cabeza hacia atrás para que Auve mantuviera la distancia. Después la puso en marcha y fueron a por ella. Auve la recogió con un brazo sin hacer apenas esfuerzo, ya que ella apenas pesaba cuarenta kilos y él, que era puro músculo, rondaba los cien.
-¡Soltadme cabrones! ¡Te voy a pinchar “hijoputa”!
-¡Cállate joder! No te das cuenta de que te acabamos de salvar la vida. –Dijo Auve mirando a la chica muy serio.
-¿Dónde me vais a llevar?
-A San Fermín.
-Hostia tío, el barrio de mi hermana. Me podías acercar para ver si está bien, que tiene dos niñas pequeñas que son dos amores.
-Si te estás calladita me lo pensaré. –Dijo Ivem muy seria.
En pocos minutos, tras sortear una maraña de coches que se habían chocado en la carretera, llegaron al concesionario que tenía las lunas rotas y varios cadáveres. También estaban los flamantes todo terrenos que había mentado Auve.
-Chica, busca un coche que tenga llaves, nosotros te cubrimos.
-Me llamo Yesi y tú no eres nadie “pa” mandarme a mí. ¿”Mentiendes”?
En aquel momento un hombre muy grueso que vestía un traje gris marengo y una camisa blanca empapada de sangre se dirigió hacia Yesi para morderla, pero Ivem le hizo caer como un plomo de un disparo en la cabeza.
-“Coñio” qué susto me has “dao” tía. Me has “salvao” la vida otra vez. ¿Me querías morder “hijoputa”? ¡Toma! –Yesi se puso a patear al cadáver del comercial del concesionario.
-Si quieres devolverme el favor, ponte a buscar un todo terreno con las llaves puestas.
-Vale tía, pero no te pongas así conmigo tronca. ¡Vaya carácter! ¿Es que no follas o qué?
-¡Joder! ¡Vaya panorama nos espera! –Dijo Auve resoplando.
Tras un poco de remoloneo, Yesi encontró un todo terreno negro bastante grande con las llaves puestas. De dentro salió una niña pequeña de unos seis años que se lanzó hacia ella. Tenía la mandíbula desencajada y un extraño fluido negro a modo de saliva. Yesi comenzó a forcejear con ella y Auve le pegó un tiro en la cabeza dejándola inmóvil. Yesi la lanzó a varios metros lejos de ella y se quedó mirando al agente.
-“Joer” macho, gracias por salvarme, si quieres te hago un favor aquí mismo sin cobrarte.
-Ivem ¿no sientes ganas de replantearte tu misión?
-Agente, eso me suena a insubordinación. –Dijo muy seria.
-Yesi... ¿Yesi?
-Vámonos de aquí, que vienen un “puñao” de “joputas”. –Dijo Yesi mientras corría.
-¡Maldita sea! Y encima nos hemos dejado la moto ahí fuera.
-Vamos a tener que olvidarnos del vehículo por ahora.
Ivem, se dirigió hacia el coche, cogió a la niña muerta y la puso sobre el volante para que se quedara el claxon pulsado y atrajera la atención de los infectados. Después salieron los dos corriendo detrás de Yesi, que se metió por una calle en la que había muchas casas bajas y de dos plantas. Había muchos talleres de todo tipo.
-¡Eh vosotros! –Dijo un señor bastante mayor desde una ventana.-Esperad ahí, que enseguida os abro la puerta.
-¡Qué suerte colega! Ya me pensaba que nos zampaban.
-Una lástima. –Murmuró Auve a Ivem, que le hizo una mueca de desaprobación bajo el pasamontañas.
Los dos tardaron poco en llegar hasta su protegida, que se había quedado junto a una enorme puerta metálica pintada de azul. De pronto se escuchó el ruido de una cerradura y se abrió una puerta pequeña. El hombre que había saludado asomó la cabeza para comprobar lo cerca que estaban los zombis y después los miró de arriba a abajo.
-Pasad dentro. Estaréis seguros.

Jose María García García

1 comentario:

  1. Muy buen capitulo deja con ansias, de mas los extrañado infectados le mando un beso y buen fin de semana. Los veré luego de mis vacaciones un beso.

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