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"Un humano por cada alienígena; dos seres con un único propósito: sobrevivir" La tierra estuvo enferma (Laura López Alfranca) Nowevolution Ed.


«La Tierra estuvo enferma, de los cielos vinieron los cuitls a salvarnos. Un humano por cada alienígena; dos seres con un único propósito: sobrevivir.»



Título: La tierra estuvo enferma
Autora: Laura López Alfranca
Editorial: Nowevolution
Páginas: 180 

El juramento que NeoPangea obliga a los niños a recitar al recibir sus compañeros alienígenas, marcará para siempre sus vidas. Obligados a vivir uno a la sombra del otro.
Cuando Samantha Greenwood, compañera del único ser capaz de evitar la extinción de toda una raza alienígena, debe enfrentarse a su vacío, el mundo que ella conocía comienza a derrumbarse al enfrentarse a sí misma. Revueltas, muertes en masa, traiciones… y a lo único que puede y ansía aferrarse, es aquello que la naturaleza y la sociedad le prohíbe siquiera soñar.
El amor puede atravesar todas las fronteras de la razón, puede unir dos mundos totalmente separados, una aventura comienza para la salvación del planeta, de la raza humana y del amor verdadero.


La autora: 
Laura López Alfranca (Madrid, 1983), actualmente cursa estudios de Educación Infantil. Gracias a su versatilidad, ha escrito para niños, adolescentes y adultos desde que se iniciara en la literatura a los veintiún años. Varios de sus relatos han aparecido en numerosas revistas y antologías, y han obtenido diferentes puestos en concursos literarios. La otra cara del espejo es su primera novela publicada.
 







Extracto del libro
Caminaron hasta el interior por un pasillo muy oscuro, no podían ni siquiera ver las estatuas que adornaban los alrededores. Si eran estatuas, porque a veces parecían moverse y le hacían dudar. Llegaron a una sala donde se veía todo igual de mal, pero al menos había muchos pupitres y sillas que casi formaban un círculo, con pasillos en medio. Los fueron sentando, mientras, pedían a los padres que distrajesen a los niños para que aguantasen hasta que llegasen todos los compañeros. La niña se sentó y rechazó todo lo que le ofrecieron para pintar. Observó a los demás, aburridos, dibujando en hojas de papel o pantallas. La pequeña negó con la cabeza, niñatos. Entonces desplegaron el emblema de la Tierra, que estaba hecha con las banderas de los países que existían antes del descenso cuitl. Todos se levantaron, ella la primera, y se llevaron las manos al pecho para recitar el juramento de lealtad. —Cuando la Tierra estuvo enferma… —comenzaron a decir todos. 
—Malita… —dijo alguno de sus compañeros. 
—Esto es un rollo… —oyó decir a otros, y muchos empezaron a hacer el tonto, pero Samy siguió recitando junto a los mayores, mientras los críos se sentaban.
—De los cielos vinieron los cuitl a salvarnos. —Y en aquel momento, entraron los compañeros de todos los papás—. Un humano por cada alienígena; dos seres con un único propósito: sobrevivir. 
—¿Qué significaría alienígena? 
Era la parte que no entendía. Bueno, a partir de ahí no tenía ni idea de qué decía el juramento, pero como era importante, no preguntaba. Miró a las criaturas gigantescas caminar con cuidado por entre los pupitres y delante de ella se colocaron Nauhi e Iztli. Les sonrió nerviosa, pero ellos no le hicieron caso, sino que miraron a sus papás muy mal. Parecían enfadados, ¿habrían discutido con ellos de nuevo? Últimamente lo hacían muchísimo. Mientras iban entregando sus cuitls a sus compañeros, Samy observó con atención a los de sus padres. Nauhi era chica y una ingeniera, más pequeñita de lo que era normal entre los suyos.

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